Nació en Ciudad Valles, en San Luis de Potosí, en el límite del territorio maya con el dominio de los aztecas, en el centro de México. Se crió allí entre los suyos. Me contó que no recuerda especiales problemas de entonces, salvo la relación afectiva con su padre, por la diferencia de edad con su madre (30 años). Eso hacía que la distancia entre la pareja fuera grande y entre él y su progenitor mayor. Porfió con que su padre jugara a su lado, que con él se confabulara, pero…
Un indio huasteco, eso me confirmó. Su lengua originaria es el téenek. En la escuela lo obligaron a aprender el castellano. Le vino bien, aunque mantiene que fue una imposición. Y soportó, como indio que es, la discriminación racial por los blancos dominantes. Con un amigo suyo, al final de la adolescencia, se alejó de la zona hacia la frontera de EE.UU. Revió el límite. Se volvió atrás. Su compañero se arriesgó, cruzó la frontera hacia San Antonio de Texas, conoció a una mujer y se casó. Cuando Javier Fonseca cumplió 18 años su colega volvió, lo encontró y lo arrastró hasta allí sin demasiada convicción, porque regentaba en su pueblo el negocio de caña de azúcar de su padre. Mas sucedió y desde entonces vive en esa atractiva ciudad. Para agenciarse el porvenir, aprendió inglés (aunque jamás se olvidó de su lengua materna y del español), se formó y hoy es un reconocido cocinero.
Así pues varias ramificaciones se despliegan en la vida de Javier: indio, mexicano y estadounidense por llegada. Mas no relega. Me dijo que el estertor de su pueblo no es que lo condicione sino que lo sitúa en el mundo. Confirma la convicción de sus mayas. Me dijo: los míos despidieron al águila que buscaba una serpiente para construir la ciudad de Tenochtitlán. Sabían lo que la historia les iba a deparar. Pero, pese a la situación, sin minora de estima. Es hijo de los hombres que operaron con el cero dos siglos antes que otros humanos, que nombraron milimétricamente el recorrido del planeta Kukulkán (Venus ) por el universo, que se apropiaron de su signo (noche y día, lucifer y vesper), acordaron el día como sustento y crearon un calendario sublime.
Por eso su camino es así de cabal: la mujer mexicana y los tres hijos en su lugar, EE.UU. en el suyo; su oficio también. Me dijo que el mundo está lleno de demonios, que los oye susurrar en sus oídos, pero que él fue criado para dominar al maligno y que no lo vencerá: huasteco.
