Cuando el éxito popular y económico sobrepasan las previsiones más optimistas – no hablamos de exigencias artísticas – y cuando la fortuna no abandona la puerta en la que dio, no importa cuando ni como, un sorprendente aldabonazo es muy difícil parar y, sobre todo resistir las tentaciones. Eso, nada más y nada menos, es lo que le ha ocurrido a la madre literaria de Harry Potter, el niño mago, perseguido por el implacable enemigo – Lord Voldemort – que le dejó huérfano durante siete libros – desde la Piedra Filosofa a las Reliquias de la Muerte – y ocho películas cuyos derechos la hicieron millonaria; Forbes le atribuyó más de quinientos millones de libras esterlinas. Después de despedidas más o menos solemnes Joanne Kathleen Rowling (1965) vuelve con un nuevo relato, con un mago adulto y padre de tres hijos y auxiliada por dos escuderos literarios Jack Thorne, guionista de las versiones cinematográficas, y John Tiffany, director teatral. El lanzamiento tendrá sensibles novedades en relación con los títulos anteriores porque está previsto un estreno teatral con un protagonista como honorable funcionario del Ministerio de la Magia y, a lo largo de julio, la presentación escalonada, a partir de los países anglófonos, de “Harry Potter y el niño maldito”. Como no podía ser de otra manera, el pasado – la sombra activa que proporciona la mínima enjundia a la saga – reaparece, imaginamos que con menor carga emcional, al ya talludo protagonista. Debo reconocer sin complejo que, por razones familiares, soporté, algunas veces con interés y otras con paciencia, unos productos formalmente aceptables y, en muchos casos, superiores a las sugerencias de la autora, distinguida con la Orden del Imperio Británico y Premio Príncipe de Asturias de la Concordia; alguien debería explicar la adscripción a esa modalidad. En cualquier caso el fenómeno de masas es incuestionable: traducidas a setenta idiomas se han vendido más de cuatrocientos cincuenta millones de copias y, con esos datos, sea como sea el concierto a seis manos, las entradas están vendidas y la rentabilidad asegurada. El futuro es otra cosa; los héroes infantiles no maduran ni envejecen bien y la gracia de los chicos tan comunes y creibles igual no está garantizada en esta continuidad o epílogo. Pero ninguna precupación; no estamos hablando, nunca hemos hablado en este asunto de literatura. Business is business.
Joanne Kathleen Rowling
Cuando el éxito popular y económico sobrepasan las previsiones más optimistas – no hablamos de exigencias artísticas – y cuando la fortuna no abandona la puerta en la que dio, no importa cuando ni como, un sorprendente aldabonazo es muy difícil parar y, sobre todo resistir las tentaciones
