reflexiÓn

La ecología social y cultural – Por Juan Pedro Rivero González

Hace falta una sana y firme ecología social y cultural

Cuando decimos ecología, decimos respeto con el sistema vital y cada uno de los elementos que lo configuran y le otorgan la configuración que posee y las posibilidades que ostenta. Quitar una especie es romper el ciclo vital y afecta, no sólo a esa especie, sino al todo el sistema. Sin hierba no habría herbívoros. Sin animales depredados no habría carnívoros. La vida necesita a todas las especies. Y el ser humano, que es el único capaz de tomar conciencia de esto, tiene, por este mismo hecho, mayor responsabilidad en el respeto a la casa común.

Por eso decimos que es importante la humanización de la ecología. Pero, a la vez, es también importante la ecología de lo humano. Todas las dimensiones de la persona debemos cuidarlas y respetarlas para no desconfigurar su condición humana. Tecnología sí, pero un humano tecnificado no. Hace falta cuidar la dimensión material, familiar, cultural, social, laboral, festiva…, sí claro; pero también su dimensión espiritual y trascendente. Hace falta una ecología humana y de lo humano.

Como hace falta una ecología social y cultural, en la que quepa la pluralidad y no hagamos de la ideología bandera excluyente de las posturas distintas. La sociedad configura la cultura, y ésta configura la sociedad. Y un elemento fundamental de la cultura es la memoria. Los borrones al pasado falsificando la historia son atentados contra la cultura de un pueblo. Y sin cultura la sociedad desaparece convertida en individuos aislados que sólo buscan satisfacer sus individuales intereses.

Soy ciudadano en relación al Estado; soy persona en relación a la sociedad. Esta diferencia es importante tenerla en cuenta. Porque el Estado es laico o aconfesional, pero la sociedad no es laica ni aconfesional, sino lo que la libertad de las personas decida ser. La ecología social exige el respeto a las personas. La cultura la hacen las personas, no los ciudadanos. Un ciudadano tiene los derechos que le concede el Estado; una persona tiene los derechos propios de su condición humana: los derechos humanos. Un no nacido no es ciudadano, pero si es persona.

Hace falta una sana y firme ecología social y cultural.

Hablemos menos de ciudadanía y hablemos más de sociedad. Defendamos la libertad y los derechos de las personas, de todas las personas, y de la persona del todo. En estos días estamos viviendo con dicha el Congreso Internacional “Diálogo Fe-Cultura” en el Instituto Superior de Teología, en el intento de releer la encíclica del papa Francisco Laudato Sí, sobre el cuidado de la casa común. La Tierra es la casa de todos, de todas las personas, no sólo de los ciudadanos de algunos estados. Todas las personas tienen derecho a la Tierra, a esta Casa Común en la que debemos cuidar la ecología, logrando a la vez una ecología humana y de lo humano, una ecología social y cultural.

Juan Pedro Rivero González
@juanpedroriverom

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