el fielato

Lo de menos

Opiniones tenemos todos de casi todo, lo cual no quiere decir que deban importarle a alguien o que estén cualificadas

Opiniones tenemos todos de casi todo, lo cual no quiere decir que deban importarle a alguien o que estén cualificadas. Leí a Enrique Vila-Matas en El País una referencia a un discurso de otro escritor, Peter Stamm, que reproduce la revista Letras Libres, en el que reflexiona sobre la moda de cuestionar a los escritores sobre asuntos políticos como si sus voces estuvieran autorizadas a ello. Tanto Vila-Matas como Stamm defienden que en el fondo lo que ocurre con ese proceder es que se menosprecia a la literatura. Hubo un tiempo en que ser escritor era relevante e, incluso, podía ser influyente en la política y la sociedad. Pero fue un fracaso. Las adhesiones y renuncias que, por ejemplo, en el siglo pasado hicieron muchos autores en la lucha contra las dictaduras en Latinoamérica o el apoyo a la esperanza de Cuba terminaron por afectar a lo que realmente los hacia grandes y geniales: la literatura. Yo, cortaziano confeso, creo que el gran cronopio se diluyó literariamente en sus -honestas- luchas. Y es que como dice Stamm asociar escritor con intelectual es fácil, pero está lejos de la realidad. De ahí que eso de solicitar del autor de la última novela engrandecida por la crítica y los lectores sus opiniones o ideas políticas es, a veces, innecesario, pero, insisto, la literatura es lo de menos. Ahí está Belén Esteban vendiendo más libros que nadie en España. Con todo, quien se lleva la palma en aquello de opinar es el periodista que se está imponiendo silenciosa pero vehementemente; ese que no informa, sino que adoctrina porque, también, como la literatura del escritor, el periodismo es lo que menos interesa del periodista.

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