diario del coach

Sin gobierno

No es lo mismo decir que Juan mide 1’90 a decir que Juan es alto. En el primer caso estoy pronunciando una afirmación basada en un hecho indiscutible: he utilizado el mismo instrumento para medir a Juan y llegar a esa conclusión que utilizaría un chino en China para afirmar lo mismo. En el segundo caso estoy declarando una opinión que puede ser rebatida por otro que considere que Juan, a pesar de medir lo que mide, es bajo en comparación con los jugadores de la NBA

No es lo mismo decir que Juan mide 1’90 a decir que Juan es alto. En el primer caso estoy pronunciando una afirmación basada en un hecho indiscutible: he utilizado el mismo instrumento para medir a Juan y llegar a esa conclusión que utilizaría un chino en China para afirmar lo mismo. En el segundo caso estoy declarando una opinión que puede ser rebatida por otro que considere que Juan, a pesar de medir lo que mide, es bajo en comparación con los jugadores de la NBA.

Dicho de otro modo: una cosa son las evidencias y otras las opiniones. El enfrentamiento surge cuando elevamos nuestros respectivos juicios a la categoría de hechos, o sea, transformamos nuestras creencias en “la realidad”. Esto es aplicable a la crítica: cuando criticamos algo, dicha crítica está hablando más de nosotros mismos que de la cosa criticada.

A día de hoy seguimos con un gobierno en funciones a causa de la inflexibilidad de los interlocutores. Cada día escuchamos las críticas de unos y de otros, y a lo que te invito es a que a partir de ahora las percibas desde esta nueva perspectiva: ¿qué está diciendo cada crítica de quien critica? ¿Qué información te proporciona lo dicho sobre quien lo ha dicho?

Alguno tendrá que ceder: siempre será peor el desgobierno que un gobierno de cualquier signo. Y la única forma que se me ocurre como coach es invitar a las partes a poner el foco en los valores comunes para poder reforzarlos mediante acuerdos. ¿Realmente son tan distintos los partidos convocados al diálogo o tan irreconciliables sus posturas?

Detrás de toda queja siempre se esconde una petición envuelta de “mal rollo”. La sensación que tengo al oírlos discutir es que ninguno quiere renunciar a dicho “mal rollo” porque acaso eso signifique transmitir una idea de debilidad.

Y que conste que es sólo mi opinión.

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