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Un mojón

Circula por ahí la especie -más que especie, rumor, más que rumor, certeza- de que Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias, ha llamado al orden a Carlos Alonso, presidente del Cabildo de Tenerife, “por estársela liando”

Circula por ahí la especie -más que especie, rumor, más que rumor, certeza- de que Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias, ha llamado al orden a Carlos Alonso, presidente del Cabildo de Tenerife, “por estársela liando”. Primero, se la ha liado con la vicepresidenta, Patricia Hernández; luego se la ha liado con Paulino Rivero, porque a Alonso le ha entrado meona de que Rivero no sea presidente del Tete; y finalmente se la ha liado con Vueling y su proyecto de establecerse en la ZEC: Vueling ha salido pitando. Con estos antecedentes, Carlos Alonso puede ser tildado fácilmente de lengüín. O, para ser más ortodoxos en el palabro, de incontinente (verbal). Fernando le ha dicho que quien manda es él y que Alonso debe resignarse a su papel de presidente del Cabildo medio mudo. No sé cómo habrá encajado el del rizo la admonición presidencial, pero me da que mal. Porque es un poquito soberbio el ex miembro del PP, hoy nacionalista de toda la vida. Esta llamada al orden ha trascendido por ahí; más bien, la sabe todo el mundo. Así que yo sólo recojo la especie y le doy forma, o más o menos. Es que aquí nadie parece resignarse a su papel. Igual que en el chiste de Chiquito, que cuenta cómo en Madrid sancionan a un conductor por aparcar mal. Y el afectado le dice al guardia: “¿Es que no sabe usted que está multando a un concejal de Cuenca?”. El agente le responde: “Oiga, señor, aquí, en Madrid, un concejal de Cuenca es un mojón”. Y el multado reconoce: “Y en Cuenca también”. Pues eso, Carlos, un mojón.

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