No es noticia que un perro muerda a la abuela. Cosa diferente es que la abuela muerda al perro; entonces sí, se dan las condiciones para profundizar un poco en lo ocurrido. Tampoco es noticia que estando en Sevilla, y siendo protocolariamente recibido, atendido y presentado por la presidenta andaluza, Clavijo haya aplaudido con fervor a Susana Díaz. Cosa distinta sería que, habiendo sido recibido, atendido y presentado por ella, Clavijo hubiese aprovechado para elogiar a Mariano Rajoy (o a Sánchez) o, ya lanzado, que con la presidenta a su lado cascara que Rajoy es una opción de presente, ejemplo de entendimiento, un referente de esa política que no es ni la vieja ni la nueva, sino la buena. De haberlo dicho, refiriéndose al candidato del PP, entonces sí; pero no ha sido el caso. Clavijo ha hecho lo propio; o, siendo más precisos, lo suyo. Y lo suyo, con Pedro Sánchez camino del túnel de vestuarios, es conocer de cerca a quien a la vuelta del verano estará al frente del PSOE. Clavijo fue a Sevilla a darse un tinte socialista para desmarcarse un pelo del estilismo del PP. Hace bien. Buen movimiento. Sabe que debe recuperar táctica, electoral y fotográficamente la equidistancia. Tiene que asomar en la centralidad del tablero. Debe afianzar la neutralidad, cultivar ese buenrollismo multifásico que da vida al tripartito sobre el que hábilmente pivota su presidencia (ya se sabe, tener al PSOE dentro con un pie fuera y al PP fuera con un pie dentro). No hay más. Que se acerque a Susana Díaz no significa que Clavijo redoble su apuesta por el pacto con los socialistas canarios. No va por ahí. No hay noticia. La abuela no ha mordido al perro.
Abuela
No es noticia que un perro muerda a la abuela. Cosa diferente es que la abuela muerda al perro; entonces sí, se dan las condiciones para profundizar un poco en lo ocurrido
