opinión

Doce horas en La Orotava

Hace años una periodista amiga de Canarias, María de los Ángeles, me pidió que le recomendara una crónica viajera sobre La Orotava

Hace años una periodista amiga de Canarias, María de los Ángeles, me pidió que le recomendara una crónica viajera sobre La Orotava. Venía de conocer la isla de La Palma y de manera especial sus recursos naturales y antropológicos. Le habían hablado mucho y bien de mi Villa natal,y contactó conmigo por recomendación de una amiga común. Nos reunimos a comer en un hotelito de la calle Apolinar, que lleva el nombre del que fuera directorlasalliano del colegio San Isidro y gerente de la Sociedad Eléctrica Orotava, la SEO, que a finales del siglo XIX promovió en el valle de Taoro la primera planta hidroeléctrica de Tenerife y la segunda de Canarias, en Hacienda Perdida. Hablamos de lo divino y de lo humano, del día y la noche, pero sobre todo de la diversidad del municipio, que desde 1954 conoció gran parte de su territorio como Parque Nacional por el majestuoso volcán Teide que lo presidía. Fijamos un programa para repartir doce horas, desde las 8 de la mañana hasta las 8 de la tarde, pasando por la playa deBollullos en El Rincón, por el mirador de Humboldt en la Cuesta de la Villa, por Pino Alto, por la visita al corazón de la Villa y conocer la trama urbana, con las iglesias como referentes de la organización territorial de la Villa, empinada y escalonada, en la de Arriba y en la de Abajo. No podría faltar la Ruta de los Molinos, desde la Cruz Verde hasta Lercaro, ni la Casa Franchy donde creció el Drago y Sabino Berthelot impartió clases en un Liceo muy especial y efímero. Algunos museos se estaban abriendo camino en el mundo cultural, como el de las Alfombras históricas de 1847. Como el de artesanía en el iberoamericano de Santo Domingo, donde estudiaron Viera y Clavijo y Agustín de Betancourt, entre otros. Como también el de la Concepción donde la riqueza artística de su tesoro era famosa. La Plaza del Kiosco junto al convento de San Agustín, el Liceo de Taoro, el Jardín masónico de la marquesa de la Quinta Roja, la Hijuela, el edificio consistorial, y todo el Centro Histórico también fueron citados como elementos del programa de visitas. No podía faltar Pinolere como referencia ruralpor los pajares del mundo agrario,ni Aguamansa como zona de transición entre los ecosistemas agrarios y forestales, con el agua de protagonista. Eran los paisajes que el geógrafo y naturalista prusiano, Alejandro de Humboldt, tomó como base de su moderna visión geobotánica en su periplo de finales del siglo XVIII, cuando atravesó La Orotava camino del Pico Teide. Como lo hiciera años más tarde otro alemán, el profesor de geografía colonial Hans Meyer, cuando quiso conocer el Teide tras su ascensión al Kilimanjaro.

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