Era la frase que estaba pintada en una pancarta colgada de un edificio muy especial de la capital cubana, por agosto de 2003. Un inmueble que había sido cedido por Cuba a España para actividades culturales. Pero se enfriaron las relaciones entre ambos países por culpa de la actitud del gobierno español, al promover su presidente, José María Aznar, en 1996, la Posición Común de la UE, en la que se restringía y condicionaba cualquier avance en materia de relaciones y cooperación con Cuba, al respeto de los derechos humanos y la democracia por parte del gobierno cubano. La tensión Aznar-Castro hizo que se rompiera el lazo del respeto diplomático.Lo cierto es que en la tarde del miércoles veraniego habanero vivimos en el Edificio de las Cariátides, sito en el número 17 del Malecón, uno de los momentos más surrealistas de la vida hispanocubana. A las 7 p.m. comenzaron los responsables de la cultura hispana a tirar la casa por la ventana. En la 1ª planta se vivió un buen rato de salsa con una timba suavecita, incluida una gran dosis de ron cubano y gratis. En la 2ª planta, que lleva el nombre de Dulce María Loynaz, comenzamos a conocer lo que era lo más funky de la música cubana actual, y en la 3ª planta tuvo lugar lo que se definió como House progresivo. Todo el personal cubano que vivía por los alrededores se había acercado hasta las puertas semiabiertas del Centro para entrar y conocer en vivo las consecuencias de tirar la Casa por la Ventana.Hasta entonces la UE estaba acostumbrada a la política cubana que marcaba España, algo similar a lo que hacía Francia en la política comunitaria con África, pero como bien apuntó Mauricio Vicent, en eso llegó Aznar, a presidir el gobierno español y convenció a los quince socios comunitarios para aprobar la Posición Común que tanto disgustaba al gobierno cubano, a Fidel Castro en particular, quien siempre veía la sombra del imperialismo en este tipo de políticas. Cuba exige a la UE que respetase su soberanía y su independencia, así como la cadencia y ritmo para alcanzar las reglas de la democracia y el respeto a los derechos humanos. Pero el vice norteamericano Al Gore y el presidente Aznar no lo aceptaron.Así hasta que Obama, presidente de los EE.UU., apuesta por retomar recientemente las relaciones diplomáticas con Cuba y entiende que el embargo promovido por su país es contraproducente para los cubanos y los mismos norteamericanos. Quizás la visita de J. Carter a La Habana en 2002 y la consecución del Proyecto Varela por parte del futuro Premio Sajarov del PE, el ingeniero cubano Oswaldo Payá, habían influido en la decisión del Tío Sam.
Lo que si tengo claro, como bien apuntan otros analistas, es que España ha cometido errores de bulto con Cuba y de ahí su ausencia política en el mundo del Caribe. Ahora el ministro español de relaciones exteriores, J.M.Margallo,titubea y quiere corregir el entuerto, y viaja a Cuba en dos ocasiones a ver si le recibe Raúl Castro. ¡Vaya manera de hacer política exterior!

