Les guste o no, el presidente argentino Mauricio Macri, el venezolano Nicolás Maduro y la brasileña Dilma Rousseff, son actualmente ‘rehenes’ de sus respectivas Constituciones nacionales, y la aplicación de los decretos reglamentarios que ponen en marcha sus articulados.
Macri debe enfrentar una propuesta de Ley para paralizar despidos que, de aprobarse dada la mayoría parlamentaria opositora, ahuyentará a todo inversor interesado en generar empleo en un país que busca reinsertarse en el mundo.
Maduro, por su parte, gracias a la Constitución aprobada durante el mandato del extinto Hugo Chávez, puede acabar expulsado del poder si la oposición logra convocar un referéndum revocatorio que, vistos los últimos resultados electorales perderá; en tanto que Rousseff afronta una suspensión de su mandato, su posible destitución y nuevas presidenciales donde, ante la crisis de corrupción que envuelve al Partido de los Trabajadores, muy difícilmente vuelva a reponerle en el cargo. A ella o a Lula da Silva.
Pero no son Golpes de Estado, ni intentos de desestabilización, o maniobras de medios de prensa. ¡Son las respectivas Constituciones estúpidos!. Esa Carta de aspiraciones, derechos y obligaciones juramentadas por ustedes mismos, que regulan el comportamiento de los poderes del Estado, garantizando su independencia y separación, para que sus habitantes sepan que corrupción, abuso de poder o errores, intencionados o no, se pagan.
Rousseff y Maduro insisten aún con la cantinela del golpe de Estado, y Macri con la del intento de desestabilización cuando, de estar todos libres de culpa y pecado, su camino es convencer con pruebas que las situaciones que afrontan es porque hubo cosas que no pudieron, no supieron, o no quisieron hacer, según expresara el extinto presidente argentino Raúl Alfonsín. Nunca de cada respectiva Constitución, a cuyo texto están siendo sometidos. Es ella y nada mas, ¡estúpidos!.
