en la frontera

La ética en la educación cívica

Los valores y las cualidades democráticas que se adquieren fundamentalmente en los ámbitos familiares y escolares deben ser  objeto de la actividad docente a lo largo de la vida

Los valores y las cualidades democráticas que se adquieren fundamentalmente en los ámbitos familiares y escolares deben ser  objeto de la actividad docente a lo largo de la vida. La participación, la tolerancia, la libertad, la igualdad, el pluralismo o la justicia, por ejemplo, constituyen elementos centrales de la educación cívica propia de la democracia. Por eso, si detectamos fallas, a veces no pequeñas, en el ejercicio real y cotidiano de los valores centrales del régimen democrático no vendría nada mal, todo lo contrario, diseñar un programa de educación cívica dirigido a reforzar el compromiso con los valores democráticos,  con la ética pública, hoy desde luego, al menos en la realidad, manifiestamente mejorables. Como es sabido, el advenimiento del Quattrocento florentino, de la mano de figuras como Petrarca, Bruni, Alberti o el propio Maquiavelo, surge una aproximación conceptual a la educación, de gran interés y actualidad para nuestros días. Entonces se empieza a construir una idea sobre la educación cuyo objetivo era no solo contribuir a la formación de hombres cultivados literariamente, sino ayudar a la formación de buenos ciudadanos. Se trataba de subrayar la importancia de la participación en la vida pública y en la cotidianeidad en un intento de despertar el espíritu cívico de la gente. El Gobierno de Aragón, en este sentido,   acaba de anunciar que la asignatura de ética pública se implantará en el bachillerato y en los estudios universitarios sigue en el plan de estudios. Buena iniciativa. Esperemos que sin ceder a la tentación en que cayera, no hace mucho, el Gobierno de Zapatero, que acabó por incluir en esta asignatura el adoctrinamiento sobre determinados asuntos propios de la libertad de pensamiento y de actuación de cada ciudadano.  Con esta asignatura se trata,  con pleno respeto a las convicciones y creencias del pueblo, de fortalecer los criterios y parámetros constitucionales sobre los que bascula la democracia y la vida pública en un Estado calificado de social y democrático de Derecho. Educación cívica sí, ética pública, por supuesto,  pero en el marco de la Constitución y con la finalidad de que los ciudadanos más jóvenes asuman un mayor compromiso con la libertad solidaria y la democracia. Educación cívica para una democracia más exigente y para  que la ciudadanía asuma con más intensidad su posición central en el sistema político. Para que los políticos interpreten mejor, y obren en consecuencia, su papel en la vida pública pues no son los dueños y señores de los procedimientos y las instituciones. Los soberanos son los ciudadanos.

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