Ya le dije presidente en otra crónica política, que en las partidas de cartas hay señas hasta el último segundo. Muchos tenemos claro que en su caso se le nota un poco nervioso. No sabemos si es la jugada de póker de los Castro cubanos con los USA del hawaiano Obama o el resultado de las elecciones últimas venezolanas que acabó con el mandato unilateral del gobierno bolivariano, al menos en las actas electorales. De las firmas del revocatorio aún no sabemos lo que va a suceder pero creo que su gobierno se ha pasado dos pueblos con el control “popular”, al pretender suplir la norma constitucional a la hora de comprobar las firmas de los ciudadanos que no han perdido sus derechos cívicos fundamentales, orgánicos, que no ordinarios, a la hora de decidir políticamente los mandatos revocables.No es por nada pero me temo que le asesoran mal y por eso está caliente. Por lo que estamos viendo, leyendo, escuchando y nos cuentan los amigos venezolanos que residen en los pueblos y ciudades de Venezuela, la situación no es nada agradable. Se viven momentos de incertidumbre y de tensión entre gobierno y oposición, entre amigos y familiares y por quienes no aceptan los valores de la Constitución de la que tanto han presumido en esas tierras de promisión, en los años de libertad. Y cuando digo que lo asesoran mal me refiero a un acto tan simple como es leer el Preámbulo de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela de 1999, decretada por el pueblo, y algunos de sus artículos. Del Preámbulo le pregunto si está cumpliendo con el mandato constitucional de promover la cooperación pacífica entre las naciones o la garantía universal e indivisible de los derechos humanos. Del articulado me atrevo indicarle el artículo 350 que siempre me llamó la atención desde que los diputados bolivarianos me regalaron un ejemplar de la Bicha, cuando visitaron el Parlamento Europeo en Estrasburgo al finalizar el siglo XX. Trata del respaldo constitucional que permite al pueblo venezolano desconocer cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos. En cuanto venir a España y presentarse a las elecciones es “la falta de ignorancia”, lo que le lleva a ello.Es cierto que la Hispania actual no es un paraíso, yo diría que es un purgatoriosiguiendo el esquema de Dante en su Divina Comedia. Pero Venezuela ha cambiado las tornas y de paraíso se transformó en infierno.Honradamente pienso que paraísos ya no existen, ni en el mismo cielo, así que arregle el desgobierno en su república, y no se me caliente presidente Maduro.
No se caliente, presidente Maduro
Ya le dije presidente en otra crónica política, que en las partidas de cartas hay señas hasta el último segundo. Muchos tenemos claro que en su caso se le nota un poco nervioso
