El primer tiempo se jugó el mayo anterior a éste. Habiéndose aliado el destino, el sistema electoral y las matemáticas, las posibles mayorías parlamentarias empataron a treinta escaños. El pacto de Coalición con el PP se esfumó por los pelos. Había que esperar a las generales. Y llegó diciembre. Y tampoco. Rajoy ganó, pero no gobernó. En el segundo tiempo no se dieron las condiciones para que Coalición y PP salieran del armario. Otra vez a esperar. Otra vez a triangular, los socialistas en el gobierno con un pie en la oposición y los populares en la oposición con un pie en el Gobierno. Un año después el pacto CC-PSOE capea el tercer tiempo, que Coalición está aprovechando para generar el ambiente de discrepancia, espinas y malestar que hace falta para, llegado el caso, romper con los socialistas; y llegará si esta vez Rajoy además de ganar gobierna. En ese contexto hay que situar la bengala que ayer lanzó, en este periódico, el secretario de Organización de CC. No improvisa cuando dice que al pacto están saliéndole humedades, riesgos y desconfianza. Tampoco Carlos Alonso o los grupos municipales de CC revolviéndose contra los departamentos socialistas del Gobierno. Ruano ha dado el penúltimo paso a las puertas del cuarto tiempo, que se abrirá con los calores del verano. Pinta mal para los socialistas de por aquí. Mas les vale que, con Sánchez ya liquidado, Rajoy eche a andar gracias a la abstención del PSOE -si el PP necesita al PSOE en Madrid uno de los precios será dejar quietas las cosas en Canarias-. Pero si al PP no le hace falta el PSOE por allá, Coalición tampoco lo necesitará por acá y en las Islas comenzará el quinto tiempo.
Quinto tiempo
El primer tiempo se jugó el mayo anterior a éste. Habiéndose aliado el destino, el sistema electoral y las matemáticas, las posibles mayorías parlamentarias empataron a treinta escaños
