Hace poco alguien me preguntó si me consideraba cristiano o si tenía fe. Sí, le respondí. Me gusta tener opinión en lo relativo a cuestiones delicadas o generadoras de controversia, lo cual me anuda intelectualmente a gente con dictamen independientemente de que lo comparta o no. Entre guardia y guardia de navegaciónrumbo a Luanda, aquel verano de 1998me perdíaen las páginas de “Un día más con vida” del maestro Kapuścińskiy a la vez escuchaba, con atención, las rajadas de Julio, un maquinista cubano afilado como un naife, acerca de las locas aventuras africanas de los Castro. Un lujo de conversación.
Sor Africa apenas llegaba al metro y medio; vestida en kaki y con un sombrero de media ala conducía un tráiler Volvo con pegatinas de Caritas diocesanas. Tremenda humanidad en su más mínima expresión física. Cada cuatro semanas le “bajábamos” un barco atiborrado de ayuda humanitaria ya fuera en forma de donaciones o excedente estatal. Desde lápices de colores a una máquina de rayos X pasando por una docena de cajones atiborrados de piernas de plástico…
Africa está repleta de mil historias que si bien modestas en su tamaño enormes en su obraresultan. ¿Iglesia?; sí, eso estaría bien, decía con un tercio de sonrisa escorada a estribor, pero aquí hay que asegurar la “proteína” vital a estos niños. Eso significa que lo primordial es dotarles de una cultura de la higiene ya que la hepatitis y el SIDA corren por las aceras; ademásde escolarizarlos y reinsertar en lo social a una generación de huérfanos producto de la guerra civil. La fe pasa a un segundo reparto aunque sin ella, poco haría.
De lejos y debido a su escasa altura, se asemejaba a un Napoleón dirigiendo a una cuadrilla de estibadores con una seguridad digna de un medio de melé gobernando a sus gordos en un maul. Se movía de manera eléctrica. Cuando me acerqué a saludarla, mi sorpresa fue aún mayor pues su acento isleño la tornó familiar. ¿Y qué hace una lagunera en Angola?; ambos nos reímos…Ya ves, me tocó. Cuando recuerdo este tipo de anécdotas, inevitablemente pienso en todos aquellos que desde la comodidad de un sofá se asoman a la ventana de alguna red social para despotricar de la iglesia sin pararse a pensar en la obra humanitaria y social que los misioneros llevan a cabo en peligrosas esquinas del mundo. Lugares “chic” que el progre apenas conoce de salvapantallas…Pero sólo la playa turquesa, el arrabal de Maputo ni de cerca, ¿verdad?
Después de aquellos viajes nunca más volví a ver a Sor Africa; me despedí de ella con un emotivo abrazo y en mi duro tímpano quedaron sus palabrastatuadas …” yo he entregado mi vida a estos niños; poco haría ya en La Laguna y a esta edadla humedad me mataría” Suerte allí donde estés.
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