Hace unos días, mientras conversaba con mi buena amiga Yurena (productora del programa Viva la Radio) acerca del tema que podía abordar esta semana en esta columna, me planteaba la posibilidad de ver qué ventajas o inconvenientes tendría esa opción de desconectar de verdad, durante un largo periodo de tiempo. Es lo que algunos han denominado tomarse un año sabático.
Sin duda alguna, cuando lo piensas, genera cierto grado de desafío. Parece que es una opción al alcance de unos pocos ya que lleva unido cierto riesgo ante lo nuevo pero, además, implica salirte de tu situación de tranquilidad, eso que hoy denominan la zona de confort.
Ciertamente la posibilidad de tener un momento en la vida donde cortar con todo lo habitual, donde poder decidir y planificar qué hacer implica un reto importante. Sería un error el plantearte cada momento propio de desconexión como una huida descontrolada del estrés o de la monotonía a la que te ha llevado tu vida. No debemos pensar que, ante la posibilidad de poderte tomar un año sabático, existe inmediatamente la posibilidad de disfrutar y ser feliz al instante. Si el objetivo es la huida, seguramente la respuesta no puede ser cortar con todo.
Todo ello va unido a tu capacidad de construir y cambiar tu entorno. En ocasiones, simplemente, nos cuesta salirnos del mundanal ruido y meternos en la paz de esas vacaciones que he diseñado a mi medida. El miedo a desconectar o, quizás, ese deseo inminente de parar hace que el tiempo pase sin rumbo ni fin.
Otra de las cosas que sueles escuchar cuando hablas de tomarte un largo periodo de desconexión te remite a la palabra descansar. Hay personas que acuden a consulta planteando la sensación de cansancio generalizado que, generalmente, se traduce en malas horas de sueño, mala alimentación y poca actividad física. Esta sensación no se soluciona metiéndome en la cueva viendo pasar las horas. Hace unos días escuchaba a un médico afirmar que la falta de sueño no se recupera, sino que mejoramos nuestra rutina de sueño. Para ello debemos planificamos la vida de manera que ganemos en bienestar.
Lo ideal del año sabático o de poder tener tiempo para cortar con todo es que cada uno lo pueda diseñar a medida, sintiendo que cada momento en la vida es único y que la felicidad radica en poder transformar y construirte a lo largo de esa suma de momentos únicos. Sin embargo eso no se consigue desde la soledad, sino que las experiencias se viven desde el convivir y el compartir. ¡Inténtalo!
*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva
@jriveroperez
