Se conoce como tal la reacción psicológica en la que la víctima de un secuestro desarrolla una relación de complicidad y vínculo afectivo con su maltratador, violador o secuestrador. Tal nombre fue consagrado en 1973, luego del asalto a un banco de Estocolmo, donde el secuestrador desarrolló con sus víctimas esta singular relación. Dio la vuelta al mundo, unos años después, en el 74, cuando el Ejército Simbiótico de Liberación secuestró a Patty Hearst en San Francisco, nieta del magnate de la prensa, que con la banda asaltó bancos, luego de ser violada física y psicológicamente. Adoptó como guerrillera el nombre de Tania, lo que en la historia de hoy nos trae referencias. Los rehenes tratan de protegerse en una situación incontrolable, cooperando para intentar salir indemnes del incidente. Ésta es la imagen en la que soportamos nuestro relato. En la inédita segunda vuelta de las elecciones generales nacionales de junio de 2016, los partidos, los votantes y el sistema, figuran aquejados del síndrome de Estocolmo. Aparecen secuestrados, votantes, ideologías, mensajes y propuestas, por parte del conjunto de los cuatro partidos en juego y sus complementarios nacionalistas, de manera que el virus de Estocolmo nos invade. Las clases medias abandonadas por el mercado y el Estado, son raptadas por Podemos, que las hace cómplices para asaltar el Estado. Podemos rapta la ideología socialdemócrata, al tiempo que secuestra como cómplice a Izquierda Unida, a quienes maltrata bajo un supuesto vínculo afectivo, con pérdida de personalidad y de poder.
Sánchez, del PSOE, sufre síndrome de Estocolmo por partida múltiple, le han secuestrado la ideología, el mensaje y los votantes. Lo que hace que en cada escenario transmita mensajes diferentes. Al estar capturado carece de libertad y su vínculo afectivo con el maltratador le impide tomar sus propias decisiones. La psicología de Rivera en Ciudadanos, siendo un socialdemócrata liberal, se esconde queriendo matar al padre Mariano. Redimirse, rechazando el fruto prohibido de la corrupción del que todos comerán, al no vivir en el paraíso y menos estando en el infierno de la política. ¿Quién secuestró a Mariano Rajoy, que no lo encuentro? Creo que él mismo, cuando dijo que en su partido no cabían “conservadores ni liberales”, que es lo único que puede tener. En este rapto mental ha descolocado al partido principal del centro derecha español y a las clases medias de referencia, que también olvidó en la crisis.
Aprovecho el síndrome de Estocolmo de hoy para encajar algún caso canario de actualidad. Paulino Rivero ha sufrido el síndrome, raptado por los podemitas en el asunto de la Ley del Suelo, al igual que Juan Fernando López Aguilar en el mismo caso y con más síndromes, estos ya propios de él. Numerosos profesionales del ramo también raptados por esta Ley y sin querer perder el vínculo afectivo y maltratador, del cual tanto se han quejado durante años en privado. Así funciona el síndrome de Estocolmo, nada es lo que parece y puede invadirnos a todos.
