Hablando de arte con Juan Matos

A veces te equivocas, y a mí me sucede mucho, no sé a ustedes. Una de tantas veces que he errado esta semana fue cuando me olvide, no nombré en una de mis columnas a un buen compañero, y mejor amigo

A veces te equivocas, y a mí me sucede mucho, no sé a ustedes. Una de tantas veces que he errado esta semana fue cuando me olvide, no nombré en una de mis columnas a un buen compañero, y mejor amigo, una columna en la que describí, siendo tan solo un portavoz, el buen trabajo que se ha hecho hace unos días en la Semana Cultural de Canarias, celebrada en el Colegio Virgen del Mar. El despiste, las prisas de las teclas despistaron mi atención y no cite a Juan Matos Capote, un palmero y un profesor, y un artista que ha abanderado el “Taller de cerámica” para niños que se llevó a cabo durante varios días en nuestro colegio. Pero lo contado hasta hora, créanme, es tan solo una anécdota, no sé si del olvido y la edad, o de tener muchos calderos al fuego, como se suele decir en el terruño. Lo verdaderamente importante es el amor que Juan imprime en el arte, dentro de aquello que lleva a los chicos en el aula, acercándoles el conocer el arte haciendo arte.

Juan, como palmero, doy fe de ello, es ese tipo de hombres que hace y no dice, que pasa el pincel y despacio observa, que mira desde abajo hacia arriba cómo trabajan sus alumnos, que no deja una obra a medias, y enseña a sus pupilos a que así ha de ser. Constancia es su nombre, y constancia es la que está llevándole a él y al gran grupo de alumnos de Secundaria y Bachillerato que están preparando una colectiva de pintura, a presentar muy pronto, y que por aquello de no adelantar acontecimientos, más allá de los debidos, este que suscribe quiere callar. De esto último, prometo escribir dentro de una semana. El equipo de Plástica del Colegio Virgen del Mar, del que forma parte Juan Matos, está preparando algo digno, no solo de una columna, sino de un reportaje, y como decía un buen amigo también palmero, “por ahora no les puedo decir más”.

Pero la intención de esta columna, no es solo hablar de las muchas cosas que el equipo de Plástica del Colegio Virgen del Mar hace, y bien. No de lo que apetece escribir es de sensaciones vividas. Qué día mejor que un domingo, para reflexionar también desde el arte. Miren, hace unos 25 años, más pipiolo de lo que hoy soy, pude compartir muchas tardes en la Avenida de Anaga con un gran número de pintores, que exponían en un cafetería, El Arkaba, capitaneados por un buen güimarero, Juan “El del Arkaba”, como le conocíamos en mundillo de la prensa. Allí, se respiraba arte, arte por arte, y se sentía arte, de mejores o mayores calidades, pero siempre arte, arte que también se aprendía. Eso hacía muchos años que no lo sentía. Lo he vuelto a sentir estos días en nuestro Colegio.

Se preguntarán ustedes qué tendrá que ver una cafetería con un Colegio. Ciertamente no mucho, pero en este caso está en el eje central el arte, casualmente ambos se llaman Juan, Juan Matos y Juan “El del Arkaba”. Ambos saben enseñar arte. Juan Matos abre las puertas de su clase para que desde algunos alumnos muy pequeños de Primaria, hasta otros ya mayores de Secundaria y Bachillerato aprendan arte, y lo hagan no a través de un libro -al que también hay que acudir-, sino en este caso él prefiere que primero el niño sienta el arte, y mientras, lo conozca en el texto. Primero hacer arte, y mientras, teorizo también sobre arte. Juan “El del Arkaba”, un amigo que ya no está entre nosotros, hace eso, más de 25 años, me enseñó los primeros pasos sobre crítica de arte, que es lo que yo hacía, en sus exposiciones. Con él, lo primero que aprendí, es lo mismo que Juan enseña a las muchachas y muchachos: “siente el arte, haz arte, inténtalo”. En mi caso, el hacer arte era intentar describir en mis crónicas lo que el artista reflejaba en su obra, y cómo lo había hecho. Hoy me apetecía describir lo que el equipo de Plástica del Colegio Virgen del Mar, y el propio Juan Matos, han logrado: hacer que un grupo de alumnos creen arte y aprendan arte con ello. Y como dije arriba, “por ahora no puedo contar más”.

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