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Humboldt en Tenerife

Hace exactamente 217 años por estas fechas se hallaba en Tenerife el naturalista Alexander barón von Humboldt acompañado por el médico botánico Aimé Bonpland

Hace exactamente 217 años por estas fechas se hallaba en Tenerife el naturalista Alexander barón von Humboldt acompañado por el médico botánico Aimé Bonpland. Habían llegado a Santa Cruz la mañana del día 19 a bordo de la corbeta Pizarro y en la misma embarcación zarparían de este puerto rumbo a Cumaná el día 24 del mismo mes. A Nicolás González Lemus y a Isidoro Sánchez García le debemos los tinerfeños que esta efeméride no pase desapercibida cada año. Estos dos “humboldtianos” entrañables recuerdan siempre por estas fechas en el Puerto de la Cruz la visita de los ilustres personajes. Es un gesto que sin duda les honra y algunos se lo agradecemos profundamente. No voy a detallar nada de la corta estancia de estos naturalistas en la isla, eso se hará los próximos días en los actos organizados por Isidoro y Nicolás en el Puerto de la Cruz en el Castillo de San Felipe y la víspera de San Juan, como viene siendo tradición, en el Sitio Litre.

Mi intención en esta breve reseña es copiar algunos párrafos escritos por Humboldt en la introducción de su magna obra COSMOS ensayo de una descripción física del Mundo cuyo autor es Alejando von Humboldt, traducida al castellano por Bernardo Giner y José de Fuentes y publicada en Madrid en 1874. La obra fue originalmente publicada en 4 tomos y constituye uno de los tesoros literarios de mi biblioteca obsequio de Victoria Eugenia el 16 de septiembre de 1999 dos días después de cumplirse el 230 aniversario del nacimiento del autor en Berlín. El COSMOS es una obra cuya lectura produce una especie de admiración y respeto por el autor al comprobar la profundidad de su pensamiento que en tiempos de crisis se hace más necesario reconsiderar.

He elegido dos párrafos de su introducción el primero dedicado a la tan maltratada Naturaleza en el momento presente a nivel planetario y más concretamente a nivel insular.

“La Naturaleza , considerada por medio de la razón, es decir, sometida en su conjunto al trabajo del pensamiento, es la unidad en la diversidad de los fenómenos, la armonía entre las cosas creadas, que difieren por su forma, por su propia constitución, por las fuerzas que las animan: es el Todo animado por un soplo de vida. El resultado más importante de un estudio racional de la naturaleza es recoger la unidad y la armonía en esta inmensa acumulación de cosas y de fuerzas; abrazar con el mismo ardor, lo que es consecuencia de los descubrimientos de los siglos pasados con lo que se debe a las investigaciones de los tiempos en que vivimos, y analizar el detalle de los fenómenos sin sucumbir bajo su masa. Penetrando en los misterios de la Naturaleza, descubriendo sus secretos y dominando por el trabajo del pensamiento los materiales recogidos por medio de la observación, es como el hombre puede mejor mostrase más digno de su alto destino.

El segundo párrafo se inicia con el pensamiento siguiente: “Si me fuese permitido abandonarme a los recuerdos de lejanas correrías, entre goces que presentan las escenas de la Naturaleza señalaría…” entre otras “… el vértice del pico de Tenerife, en el momento en que una capa horizontal de nubes, deslumbrante de blancura, separa el cono de las cenizas de la llanura inferior, y súbitamente, por efecto de una corriente ascendentes, desde el borde mismo del cráter, pueda la vista dominar las viñas del valle de Orotava, los jardines de naranjas y los grupos espesos de los plátanos del litoral.” Y termina: “En la vaguedad de las sensaciones, cambian las impresiones del alma, y, por una ilusión tan dulce como fácil creemos recibir del mundo exterior lo que nosotros mismos sin saberlo hemos depositado en él.”

El conocimiento científico, señalaba Humboldt, forma parte de la riqueza de un país, es un recurso natural como cualquier otro; si no se desarrolla y explota debidamente, el país se estanca y se debilita. Esperemos que los Parques Nacionales que albergan estas islas sean debidamente gestionados y conservados, y no se conviertan en un atractivo turístico a explotar con criterios muy distintos de los fines por lo que fueron creados.

El prestigio de Humboldt ha alcanzado cotas excepcionales a nivel mundial. En la avenida de Unter den Linden en su Berlín natal, ante su estatua erigida por el pueblo cubano frente a la fachada de la Universidad berlinesa que lleva su nombre he tenido la suerte en tres ocasiones de rendir a este personaje un modesto homenaje personal.

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