El 26 de junio puede producirse un cataclismo político en nuestro país. A la profesión de fe socialdemócrata que la izquierda más radical ha hecho, sin que nadie se lo crea, se va a unir el fracaso rotundo del PSOE, cuyo líder deberá dimitir la misma noche electoral. Si el PP no consigue 130 diputados, el que tendrá que anunciar su marcha a casa, desde el mismo balcón de Génova, será Rajoy. Ya hay lucha a puñales para sustituirle, en cuyo pelotón la ambiciosa Soraya -que se cargó a Soria- es la mejor candidata. Pero no va a ser ella la elegida, casi seguro. Demasiado ambiciosa, ya digo. Esa misma fecha del 26 de junio será una noche de toma de decisiones porque hasta el propio Rivera, cuyo papel tambaleante tampoco se consolida demasiado, abrazado al PSOE como estuvo, no lo tiene seguro en cuanto a resultados. Junio será, pues, un mes incierto. Puede que todo se mueva o que nada se mueva, quién lo sabe. Nosotros sí nos llevamos por conjeturas, porque desde los partidos se filtran muchos comentarios y se producen luchas a puñaladas. Quien peor lo tiene es el PSOE, que no levanta cabeza. Sus huestes están desanimadas y sus líderes no aparecen. La torpeza y la obcecación de Sánchez llega al límite de que aún hoy, con la batalla perdida, está diciendo otra vez que consultará los pactos con unas bases que están hartas de él y que quieren que desaparezca. En vez de los pactos deberá consultar con ellas su futuro. Negro, como su propia suerte. Todo está en el aire, pero algunas cosas se vislumbran ya en el horizonte cercano del día 26.
Incierto junio
A la profesión de fe socialdemócrata que la izquierda más radical ha hecho, sin que nadie se lo crea, se va a unir el fracaso rotundo del PSOE, cuyo líder deberá dimitir la misma noche electoral
