cuadernos de África

La vuelta de los barcos negreros

El fenómeno de la inmigración irregular hacia el sur de Europa no se puede analizar como una causa ajena a los ejes relacionados con el crimen organizado, el integrismo islámico y el tráfico de armas

El fenómeno de la inmigración irregular hacia el sur de Europa no se puede analizar como una causa ajena a los ejes relacionados con el crimen organizado, el integrismo islámico y el tráfico de armas. En mi opinión se trata de un vaso comunicante que de manera natural aflora en aquella región costera africana donde el control gubernamental es permeable o simplemente no existe. El escenario es el arco costero comprendido entre Cirenaica y el Sahara occidental donde Marruecos es el principal aliado europeo en la lucha contra la inmigración ilegal y la expansión del islamismo. Un estado tapón en lo ideológico pero también en lo físico que contrasta con la situación, diametralmente opuesta, que se vive en Libia y que ha convertido sus costas en el principal puerto de embarque de todos aquellos que suspiran con acceder a El Dorado europeo.

La política de inmigración de Europa es vergonzosa y no va más allá de sobornar y untar a dirigentes de Mauritania y Senegal para que estos empleen la mano dura y eviten la salida de embarcaciones a Canarias, abandonar a España, Italia y ahora Grecia, a su suerte ante la llegada masiva de embarcaciones o, lo que es aún peor, pagar a los turcos para que acojan a los náufragos. Se nos debería caer la cara de vergüenza. Bruselas mira para otro lado y deja a sus socios del sur solos ante los repuntes de llegadas de embarcaciones. Políticas difusas y puntuales. ¿Es esta la razón [primordial] por la que ya no nos llegan cayucos a las islas?; ya volverán tan pronto se baje la guardia. No obstante y viendo el cariz de estado fallido en el que se torna Libia, me temo que durante mucho tiempo serán sus playas el destino “final” de la aventura inicial de muchos subsaharianos previamente a cruzar el Mediterráneo.

El último grito en inmigración ilegal ha sido el renacer del viejo oficio de la trata. Las costas africanas son el hogar de cientos de barcos sub-standard que navegan en condiciones límites y que tienen prohibido recalar a las aguas comunitarias. Situación incómoda si investigamos un poco; pues generalmente se trata de pesqueros y pequeños mercantes detrás de cuyos folios de registro hay armadores europeos. Nada nuevo en la pocilga moral. Una flota de herrumbre y cabotaje que aunque administrativamente exista para la OMI (Organización Marítima Internacional), descansa en sociedades clasificadoras de segundo orden y en la que las mafias han puesto sus ojos para embarcar personas cual corderos. Con lo acontecido en las costas italianas, el uso de buques abanderados dios sabe dónde y adquiridos sobre la marcha por intermediarios, ha saltado a la palestra como el nuevo modus operandi de las mafias.

¿Recuerdan al El-Ezadeen?, paradójicamente, se trata de un livestock. Una nave construida para llevar ganado. Sus “tripulantes”, último eslabón del crimen organizado, cuya cuerda, como siempre afirmo, acaba en Arabia Saudí, lo abandonaron con rumbo fijo a la costa de Italia donde, de no ser por la Guardia Costiera, habría embarrancado con las consiguientes consecuencias para sus desgraciados pasajeros. Desgraciadamente este episodio no es el primero y me temo que tampoco será el último.

Los buques Marine I (2007) – con casi 400 personas hacinadas en un cascaron de apenas 30 metros de eslora – y Al Mari (2006), ruinas flotantes ambos, son dramáticos exponentes del uso de embarcaciones por la nueva trata. El episodio del Marine I es especialmente crudo, pues sus pasajeros exhibían carteles en los que pedían agua y daban las gracias a dios por que se les prestara auxilio. El barco fue asistido en aguas internacionales al sur de Canarias tras haber zarpado de Nouadhibou supuestamente con rumbo norte. El estado español, ante la negativa – “técnica” – de Mauritania y Senegal, se hizo cargo del operativo por medio de Salvamento Marítimo y sus buques de rescate. Lo acontecido en el Mediterráneo con el Ezadeen plantea el siguiente dilema: ¿debe primar el rescate de la vida humana en la mar por encima de las áreas de responsabilidad SAR (Salvamento y búsqueda) asignadas a cada estado? En mi opinión sí. España ha ejercido “responsabilidades” humanitarias en áreas del océano que le corresponden a Senegal, Mauritania e incluso a Marruecos; estado intermitente en lo referente a la asistencia humanitaria en la mar. De cualquier manera, se nos plantea un espinoso debate donde el derecho y la moral se solapan.

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