opinión

Novedades – Luis Espinosa García

Cuando se llega a cierta edad las novedades son un problema. A las personas mayores, a las que ya las canas se han hecho dueñas y señoras de toda la pilosidad del cuerpo, nos gusta, pienso, la rutina

Cuando se llega a cierta edad las novedades son un problema. A las personas mayores, a las que ya las canas se han hecho dueñas y señoras de toda la pilosidad del cuerpo, nos gusta, pienso, la rutina. El café con leche matinal, tal vez acompañado de un bollo o similar; el cafetito de media mañana; el almuerzo a la una en punto, la siesta, etc.

Todo cambio en esta rutina suele acarrear molestias, tanto físicas como psíquicas. Solamente la evaluación de una posibilidad extraña ya causa un deterioro en nuestro intelecto, si queda. Los hijos creen que los padres se van alegrar si les llevan ese aparato ultramoderno que permite ver la televisión en cuatro dimensiones. Error. Y gordo. Al progenitor, sea hembra o varón, lo sientan en el sillón más mullido de la sala, cierran un poco las contraventanas y las cortinas, enchufan el aparato regalado (es un decir, pues lo ha pagado, aunque no se haya enterado, el que recibe el presente), manipulan botones y palancas y, finalmente, se ilumina la habitación y comienza la función. No dura mucho, a los dos minutos y siete segundos el homenajeado se levanta bruscamente y vomita.

Tal vez he exagerado un poco, o bastante. Pero voy a contar un hecho que me sucedió a mí. Ya habrán deducido que soy un viejo, así que, por favor, no me critiquen ni se burlen de este anciano.

Me han regalado un ordenador nuevo. Ya cuando lo advirtieron me eché a temblar, pero los hechos confirmaron mis peores presentimientos de lo que iba a ocurrir.

Se abre el telón. La función comienza. La pantalla del aparato se enciende (eso sí, mucho más rápidamente que en el viejo aparato) y casi, casi al mismo tiempo se llena de iconos. Veamos digo, en el más amplio sentido de la palabra. Antes que nada cambiar de gafas y colocarme las de cerca. Ya preparado empiezo a leer: Fastoneimage viewer, o algo así. Vaya, pienso, comenzamos bien. Limpio a fondo los cristales de mis lentes y vuelvo a leer. Pues sí, dice algo en inglés (del cual leo algo y entiendo menos) sobre imágenes duras como piedras (?). Mira amigo, deja a un lado este icono y lee el siguiente. Recuba: Este debe de ser de algo del Caribe, de Cuba, claro, que está de moda. Hay que ver cómo está de adelantado esto de los ordenadores, ya tienen un icono dedicado a la isla. La verdad es que no tengo un mayor interés en saber cómo les va a los hermanos Castro, así que declino esta nueva oferta y voy al siguiente.

Foxitphantom PDF. Esto ya se va aclarando. Se trata de algo fantasmal, por eso no doy con la tecla adecuada para ver los documentales de la 2. Continuemos, ten paciencia, me digo, que ya llegará el momento en que lo veas todo de una claridad meridiana. Tal vez sí, pero soy tan mayor que no sé si me quedarán años para comprender y asumir estas novedades.

GDBurnerXP. ¡Claro como el agua! Pasemos de largo y volvamos a la lectura de iconos.

Cyberlinkpowerdvd12. Como he leído mucho a Conan Doyle pongo a trabajar mis células grises (esto es de Poirot, pero queda bien aquí) y deduzco que sirve para ver películas, programas largos, o, con un poco de suerte, los documentales de la 2. Lo dejo anotado en mi libretita de andar por casa para echar mano de ella en caso de aburrimiento. Y continúo.

Adobe Reader XI. Aquí me fallan Sherlock y Sam Spade. ¿Un lector de adobe? ¿O que es solo para lectores de más de once años que vivan en chozas de adobe? Señor, señor, de mi calva salen pequeñas volutas de humo. Mi inteligente nieto Marcos se acerca con un vaso de agua. A este muchachito tendré que dejarle algo en herencia. Me riego la cabeza y parece que el fuego se apaga. ¿Continuaré con el estudio de la pantalla del nuevo ordenador o lo dejaré para dentro de diez años? Descanso un rato mientras Marcos va en busca de otro vaso de agua. Recapacito ¿Pero de qué voy a recapacitar si no me he enterado de nada? Ni siquiera tengo la seguridad de ver un programa de los documentales de la 2.

Algo más calmado pienso que me arriesgaré a leer dos o tres iconos más y, si no hay buen resultado, lo dejaré para inscribirme en una escuela de Informática. O de Cibernética para mayores de once años. Ya no sé qué pensar. ¡Ánimo, Luis, inténtalo otra vez! Allá vamos.

Dropbox. Vaya hombre, esto sí que lo entiendo. Una caja para guardar las gotas. Esta máquina ultramoderna se ha enterado que tengo que ponerme gotas en los ojos muy a menudo y aquí dentro el mundo de lo digital me va explicar cómo se deben guardar al fresquito en una caja. Gracias, pero aún conservo bastantes neuronas en buen uso, o eso creo yo. Veamos el siguiente icono. Tal vez ahora las cosas vayan cobrando luz.

Malwarebytes Ant Malware. Definitivamente abandono. Esto no hay quien lo entienda, aunque coloquen una hormiga en medio.

Les diré a mis hijos que me ha encantado el nuevo ordenador, que muchas, muchísimas gracias y que ya les tendré en cuenta cuando escriba el testamento.

Pero que preferiría para la próxima vez una buena tarta de frutas. O una novela policiaca. O incluso una corbata, aunque ya no las use, pero, por favor, por favor, no un nuevo y modernísimo aparato de la ultimísima tecnología.

Marcos, por favor, tráeme otro vaso de agua.

TE PUEDE INTERESAR