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Onda de probabilidad

Según algunos científicos, el universo sólo existe si hay alguien que lo observe. En esta idea, la física cuántica entiende que sin espectador no hay mundo. Ocurre con las partículas lo que pasa con los resultados electorales: antes de ser observadas no son más que una onda de probabilidad.

Aposté que el PP iba a ganar, y a gobernar; y gané. A que Ciudadanos se desinflaría porque el PP le arrebató el voto útil, y gané. Aposté que algunos fieles del PSOE saldrían a su rescate en el último minuto, y escribí que ese empujón serviría de poco; y gané. A que Coalición mantendría el escaño; y gané la apuesta. Pero di por hecho que el PSOE sería tercero; aposté, y perdí (quienes votaron a las fuerzas del bipartidismo no lo confesaron a los encuestadores, de ahí el error en la interpretación de la onda).

¿Y ahora, qué? Los actores deben entender que todos son ya la nueva política y que, en consecuencia, las líneas rojas y prejuicios de la vieja no tienen sitio en esta nueva realidad. Aunque a corto plazo sangre por la herida, al PSOE le interesa aceptar el ofrecimiento de pacto que ayer les hizo Rajoy. Tener la llave de la gobernabilidad les cunde más que irse a una oposición que no protagonizarán porque los de Iglesias siempre serán más espectaculares. Al PP le interesa pactar con el PSOE para disolver a Ciudadanos en el café de los prescindibles, y el PSOE necesita ser llave en la legislatura que enfriará el podemismo. Si el bipartidismo se mueve bien resucitará. Antes de ser observado el pacto PP-PSOE no es más que una onda de probabilidad, pero necesitándose como se necesitan esa posibilidad crece. Aposté que esta legislatura echaría a andar con PP y PSOE de la mano; no he perdido.

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