Atrapar un Pokemon para la presidencia de España

Somos como niños, lo aseguro, y soy de los busca mantener un halo de infancia durante la distintas facetas de la vida, hasta en la adulta. El gran despliegue de mayores y pequeños en la búsqueda de la nueva caza de moda, en este caso la de los Pokemon, es la que me ha dicho, que sí, muchos piensan como yo, hemos de ser niños, en parte, toda la vida

Somos como niños, lo aseguro, y soy de los busca mantener un halo de infancia durante la distintas facetas de la vida, hasta en la adulta. El gran despliegue de mayores y pequeños en la búsqueda de la nueva caza de moda, en este caso la de los Pokemon, es la que me ha dicho, que sí, muchos piensan como yo, hemos de ser niños, en parte, toda la vida.

Se abre igualmente, un debate nunca dormido, el de si las nuevas tecnologías están para servir como herramientas de nuestro quehacer diario, o si al contrario, se han de considerar como nuestra forma de vida. Quizás, nos hallemos ante otro momento para mirar a través del hueco de nuestro día a día y considerar hasta dónde debe llegar el mundo de las nuevas tecnologías en nuestro espacio humano, en nuestro ser personas. La verdad que nunca hubiese pensado poder ver a más de un paseante de la Calle La Carrera, por poner un ejemplo, buscando un Pokemon en el entorno de la Catedral o la Plaza San Cristóbal. Sin embargo, puedo asegurar que fui testigo de ello esta semana. Sentado en una cafetería de La Carrera, en una mañana lagunera, mientras degustaba un buen café con hielo, vi pasar a un amigo, a un buen compañero, y le pregunté cómo estaba y si quería acompañarme, la respuesta fue taxativa, “no, no, Domingo, me alegro de que todo vaya bien, pero es que estoy buscando un Pokemon”. Ahí quedó el amigo y siguió su trayectoria Carrera arriba persiguiendo a Dios sabe qué. Bueno, mi respuesta fue con la típica ironía que me caracteriza –defecto del oficio-, “oiga, siga usted a lo suyo, y mire al suelo no vaya a tropezarse con un bicho de esos”.

Asombroso, por lo menos, para mí lo es. Mes de julio, el individuo, buen amigo, pero poco sociable –desconocía esa faceta suya-, y de vacaciones, además, y su decisión de cómo pasar el mes de julio es “buscando Pokemon”. Nada, seguro que si Jiménez del Oso, la versión de los 70 de Iker Jiménez, volviera al mundo de los vivos, tendría tema para sus programas de mundo oculto, “Más allá”. Antes se perseguían ovnis, ahora “Pokemon”. Oiga, para gustos colores.

Pero esta semana han pasado más cosas, y es que en las Cortes Generales siguen buscando quién va ocupar el lugar de Presidente de Las Españas, que solo es una, aunque más de uno se empeñe en ponerle plural y querer dividirla. La pregunta que me ha surgido, además de la de si mi amigo, el de la Calle La Carrera, estará perdiendo un poco el norte, es: ¿No querrá alguien proponer a un Pokemon como Presidente del Gobierno de España? Visto lo visto, no me extrañaría. Pero poniéndonos en el asunto tendría que ser un Pokemon Legendario, como los denominan en la jerga de este juego virtual. Lo preferiría, digo, preferiría que nos presidiera un Pokemon, a tener que esperar nuevamente a noviembre, como el resto de la millonada de españoles, y pasar nuevamente por unas Elecciones Generales, convirtiéndonos en el gran hazme reír de la política internacional. Pero, quizás, porque siempre hay un quizás, a más de un advenedizo que juega a la política, como quien juega a los Pokemon, le interese que España siga en este videojuego de “Atrapar a un Pokemon para la presidencia de España”. Ahí queda eso. Doy fe y lo escribo desde la Calle La Carrera.

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