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Ay, Carmena

La alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, ha alentado a los madrileños a acudir en pelotas a las piscinas municipales, una vez por semana. O a la vieja le ha entrado un ataque de satiriasis, o disparó, o yo estoy lost in translation. Esta izquierda que ha entrado en España de sopetón lo ha hecho con una neurona y un patín, porque cuidado que la señora se columpia. Primero, su pupila Rita Maestre se queda en tetas en una iglesia; más tarde una concejala autoriza un guiñol abominable en el que se ahorca a un guardia civil y se apalea a un juez, o al revés, que no recuerdo bien, además delante de niños; y ahora la vieja Carmena recomienda la pelota picada, de vez en vez, en las piscinas públicas madrileñas. Supongo que a la alcaldesa no se le ocurrirá acudir de tal guisa a la pileta porque se produciría una estampida, con muertos y heridos graves en la huida e intervención del Samur. Yo no sé si el mundo se está volviendo loco o somos nosotros, aquí en España, los que hemos perdido el tino. Pero las ocurrencias de esta gente no son propias de personas con medio dedo de frente. ¿Se imaginan a los niños presenciando el espectáculo de tíos y tías en bolas en las piletas de Madrid? ¿Imaginan la salidera del anciano pueblo carpetovetónico presenciando el espectáculo de colgajos y demás en los bordes de las piscinas? Además, es de mal gusto, coño. Carmena quiere imitar a Tierno, pero es que Tierno no llegó tan lejos. Aunque es verdad que lo único bueno de su breve alcaldía fueron los pregones, geniales. Esta vieja Manuela ni siquiera escribe pregones. No sabe. Ay, Carmena.

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