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De vacaciones por Canarias

Julio es un mes bueno para ir de vacaciones por Canarias. Con amigos y con la familia. Por las islas orientales y las occidentales. Por Lanzarote o La Gomera, por Fuerteventura o El Hierro

Julio es un mes bueno para ir de vacaciones por Canarias. Con amigos y con la familia. Por las islas orientales y las occidentales. Por Lanzarote o La Gomera, por Fuerteventura o El Hierro. Es lo que estamos llevando a cabo en estas semanas últimas. Primero fuimos el viernes 22 de julio a escuchar el concierto de clausura del Festival Ensemble Villa de La Orotava, en la sala Teobaldo Power de mi Villa natal, bajo la dirección de Julio Castañeda. Me sirvió además para saludar a los amigos Aurelio González y Nino Díaz, flamante director del Festival de Música de Canarias. Hablamos de la época de Canarias en Europa y en África, del concierto en Casablanca. También del nuevo reto musical que se le abre en el archipiélago y de su isla natal Lanzarote, adonde volé el día siguiente con unos amigos, canarios y europeos, para recorrer la isla de los volcanes. Visitamos la zona de playas tradicionales donde el sol quema la arena y en una de ellas degustamos los productos del mar en un restaurante, Sal Marina, que estaba alongado sobre la costa conejera y desde donde se podía captar el paisaje marino con las embarcaciones ancladas y con una bandada de gaviotas revoloteando la mar cerca de los bañistas, incluso salpicando el restaurante. Luego fuimos de paseo por La Geria para disfrutar también con el paisaje agrario, donde las viñas se escondían en las goronas de piedra llenas de cenizas que se repartían por los llanos y laderas de un fondo de volcanes de la zona de Timanfaya. La parada en la bodega Rubicón era obligatoria, ya que el recuerdo de sus vinos nos remontaron a la época de Leopoldo von Buch, el geólogo prusiano que siguió las recomendaciones de su amigo Alejandro de Humboldt y se acercó hasta las Montañas de Fuego nacidas a mitad del siglo XVIII de las entrañas de la isla de Lancelot.Degustamos los caldos tintos y blancos de la bodega y brindamos con el vino Amalia que el amigo Germán puso en recuerdo de su nieta, la hija de Macarena. Antes de regresar al aeropuerto nos acercamos hasta la capital de la isla para tomar café en el bar del Arrecife Gran Hotel, en la planta 17, donde la vista disfruta, hacia el mar y hacia la ciudad. Muchas cosas han cambiado en la isla, y de hecho los amigos europeos, asiduos visitantes, lo comentaban. Me acordé mucho de César Manrique y del libro que recientemente tuve la oportunidad y satisfacción de haber presentado, obra del recordado amigo Nicolás Laiz, un economista castellano que le acompañó hace algunas décadas a Kyoto. La próxima semana nos iremos en barco a La Gomera, y en esta ocasión con la familia. Así podremos disfrutar de la naturaleza y con los amigos.

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