Más pronto que tarde, con las primeras luces de la legislatura, a la vuelta de cualquier esquina, El sueño de una noche de verano que tiene a Coalición huyendo de la realidad que pisa se verá interrumpido bruscamente. Con el otoño el triunfalismo caerá de los árboles, la hojarasca madrileña les pondrá los pies en el suelo y quienes sí juegan en las grandes ligas parlamentarias sentarán a CC en el escaño ciento treinta y ocho, ciento setenta o ciento setenta y cinco, en una tarima tan fotogénica como prescindible. Con un escenario presupuestario diabólico y el PP atendiendo otros compromisos, a Coalición o NC les cundiría algo -existencia informativa- pero a Canarias poco o menos. Resuelta la investidura, otros serán los votos decisivos. El sueño de CC morirá y, entonces sí, caerán en que les pesa más el desgaste que el escaño. No hay proyecto de país si se está solo en seis de las siete Islas -Gran Canaria es a CC lo que Badajoz o Almería-. No puede haber futuro si los menores de cincuenta años se relacionan con Coalición como el agua con el aceite. No hay espacio para la pirotécnica de la noche electoral cuando quienes gobiernan no pasan del 15% de votos en La Palma, La Gomera o Tenerife, del 2% en Gran Canaria o del 8% en Lanzarote o Fuerteventura. Tienen el motor gripado. Las herramientas que usan no van. Están obligados a activar todas las alarmas. El creciente empuje y liderazgo de Bermúdez o Alonso son una baza, pero no basta. Consta que el secretario general sabe qué es lo que deben hacer, pero José Miguel Barragán necesita que además de saberlo lo hagan. Si se dejan atrapar por el espejismo de una noche de verano cuando quieran reaccionar ya será demasiado tarde.
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