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Gestionando la vida: la inteligencia emocional

Pero aunque las denominamos negativas estas emociones juegan un papel crucial en nuestra vida, muy vinculado a uno de los dos objetivos cruciales de toda persona: el de garantizar la supervivencia

Sin duda alguna te habrás dado cuenta a lo largo de estos años que llevamos conociéndonos, sabrás la importancia que le doy a las emociones como elemento fundamental para la felicidad y que juegan un papel regulador en nuestros niveles de bienestar y por ende en nuestra salud. Es más, nuestro desarrollo como personas va unido a la gestión más o menos eficaz que realizamos de las mismas.

Habrás llegado a la conclusión de que somos seres emocionales por naturaleza, así que por mucho que nos empeñemos no podemos evitar el estar influidos por las mismas, ni cuando afirmamos que somos tan fríos que parecemos auténticos témpanos de hielo. Nuestros pensamiento, acciones y vivencias rememoradas están tamizadas por una variedad de emociones, sentimientos, deseos y pasiones. Expresar emociones forma parte de nuestra vida lo que nos ayuda a que las demás personas nos conozcan mejor y como dice un buen amigo: sentirnos.

Sentir una emoción ante un hecho es una reacción natural propia de nuestra condición humana, lo que nos hace sentir vivos, además de jugar ese papel esencial en nuestra socialización.

En nuestro abanico de gamas y matices emocionales nos encontramos con las emociones que denominamos básicas. Unas de ellas las llaman emociones negativas, en ese horizonte emocional nos encontramos con la ira, el miedo, el amor, la sorpresa y la tristeza. Su mala gestión nos hace no gestionarlas, no conocerlas y entender que nuestra vida se escapa en ocasiones a nuestro control. Pero aunque las denominamos negativas estas emociones juegan un papel crucial en nuestra vida, muy vinculado a uno de los dos objetivos cruciales de toda persona: el de garantizar la supervivencia.

Por otra parte, nos encontramos con la alegría, emoción básica que cumple una misión importantísima en nuestra vida potenciando nuestra capacidad de aprendizaje y favoreciendo nuestra relación con el entorno.

La inteligencia emocional nos permite aprender a gestionar y poder reaccionar emocionalmente ante una misma situación. Entendiendo que nuestra respuesta puede variar de una situación a otra, lo que hace que nuestra vida tome unos cauces u otros.

Es importante saber que muchas de las formas en las que reaccionamos y gestionamos muchas situaciones está íntimamente relacionada con diferentes factores como la personalidad, nuestra crianza, la cultura, etc. El saber cómo expresarlas requiere que seamos capaces de gestionarlas, canalizarlas, interpretarlas y darle una forma de expresión adecuada.

La inteligencia emocional es una fortaleza humana que nos permite percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, esa habilidad que nos permite acceder y generar sentimientos que faciliten el pensamiento; que nos ayuda a comprender las emociones a conocerlas y al mismo tiempo nos da la capacidad de regular dichas emociones facilitando nuestro crecimiento emocional e intelectual.

La vivencia emocional produce en nosotros reacciones negativas y positivas que nos ocasionan dificultades tanto a nivel personal como en nuestras relaciones con los demás. Quitándonos en ocasiones fuerza y vitalidad para continuar con nuestras actividades diarias.

Sin embargo, el conocimiento adecuado de las mismas: su expresión, su interpretación y su derivación nos permiten aumentar nuestro bienestar. Pero además cuando potenciamos en nuestra vida las emociones positivas ampliamos nuestro campo de posibilidades, volviéndonos más reflexivos, creativos y optimistas, lo que nos permite transformar nuestra realidad personal, mejorando nuestro bienestar, lo que nos hace sentirnos más felices.

*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva
@jriveroperez

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