A veces, o siempre, tras una dieta salvaje (en la que se pierde mucho peso en poco tiempo) el cuerpo termina recuperando los kilos perdidos; en la mayoría de los casos, acaba incluso sobrepasándolo. Es lo que se conoce como el efecto rebote o yo-yo. Cuando en política se gana muchísimo peso en poco tiempo puede ocurrir que, en lo que podría considerarse un efecto rebote o yo-yo en sentido contrario, al no alcanzar el objetivo que se creía tener al alcance un proyecto acaba perdiendo el peso que había ganado en un plazo igualmente récord. En esas están los podemistas, desorientados como quienes han sufrido un golpe en la cabeza, incrédulos, indignados con los hechos, transpirando frustración y enfado, descolocados, arriesgándose a adelgazar a la velocidad a la que engordaron, dando la sensación de que no ganar les resulta excesivamente aburrido, inútil. Hicieron una buena campaña, pero el PP la hizo aún mejor. Gestionaron bien el hastío, y Rajoy mejor el miedo. Quienes el 19 de diciembre no estaban en el Congreso hoy tienen setenta escaños, pero se les ha quedado cara de haber sufrido una derrota cruel; al parecer, se les pasó por alto que solo el Leicester City es capaz de proclamarse campeón en su primer año en la Premier. A los podemistas el enfado los engordó, el miedo los adelgazó y su afán por abarcarlo absolutamente todo los desdibujó -comunistas y socialdemócratas, euroescépticos y europeístas; todo a la vez-. La dinámica poselectoral de Podemos está constituyendo un fracaso superior al electoral, ha escrito Zarzalejos. Según un informe publicado recientemente, la pasta no engorda. En contra de lo que se pensaba, ni la pasta ni abusar de la transversalidad engordan.
La pasta no engorda
A veces, o siempre, tras una dieta salvaje (en la que se pierde mucho peso en poco tiempo) el cuerpo termina recuperando los kilos perdidos; en la mayoría de los casos, acaba incluso sobrepasándolo
