Conseguí una medalla de oro

En días pasados, cuando Nadal perdía en las Olimpiadas 2016 su medalla de bronce individual, respondía a los medios diciendo, “me voy satisfecho, con el oro en dobles, y haber logrado estar aquí, hace una semana y media, no hubiese imaginado esto”

Te felicitan por tener unos hijos alegres y humanos, alguien te comenta lo buena persona que es tu mujer, tienes la suerte de poder seguir compartiendo momentos con tus padres y suegros –a pesar de la edad-, ves la sonrisa feliz de los abuelos cuando están con sus nietos –paternos y maternos-, observas cómo tus sobrinos crecen, un alumno te da las gracias por lo que le has enseñado, compartes vivencias todos los días con tus compañeros, un momento de tertulia vespertina sobre baloncesto con el grupo de amigos, jugar un buen rato con tu hijo e hija. Para mí todo esto es recibir una medalla de oro diaria, cuando obtengo la felicidad de lograr hacer feliz a los demás y que esa felicidad también, algunas veces, regrese a nosotros.

En días pasados, cuando Nadal perdía en las Olimpiadas 2016 su medalla de bronce individual, respondía a los medios diciendo, “me voy satisfecho, con el oro en dobles, y haber logrado estar aquí, hace una semana y media, no hubiese imaginado esto”. Este viernes, tras perder España con USA, en basket, Gasol afirmaba, pese a haber perdido y jugar con una contractura en el gemelo: “He intentado darlo todo. Estoy contento de haber podido competir”. O Mireia Belmonte, tras obtener el primer oro de estas Olimpiadas de Río: “El primer cincuenta lo he visto bastante lejos pero nunca he dejado de luchar. He dado lo que podía y al final la gran noticia, la primera medalla. Espero haber abierto la puerta de las demás medallas y que la delegación española se lleve muchas más que en Barcelona, donde se consiguieron 22”. También, las declaraciones del bueno de Lucas Mondelo a sus chicas, cada vez que se han acercado al banquillo en los tiempos muertos: “Si queréis una medalla, esto es lo que hay”. Y ellas se lo han tomado en serio, y han tomado como iniciativa en la cancha esa felicidad necesaria, y han cogido el testigo de Mondelo con pundonor. Cuando Anna Cruz metió su última canasta contra Serbia, llevaba ese sello, el de que la medalla ya la llevas siempre puesta, si haces las cosas con pasión y amor.

Creo que cada uno de nosotros portamos una medalla sobre nuestro cuello. El color es lo de menos, lo que realmente importa es el entusiasmo que sintamos durante, en, y después del momento de todo aquello que hacemos y logramos a diario. Recuerdo, perfectamente, un examen de traducción de Griego, de quinto, el último de mis estudios de Filología Clásica, bajo la brillante y exquisita tutela del Doctor y Catedrático –por la Universidad de La Laguna y la Complutense de Madrid-, Marcos Martínez. Seguramente, cometí errores miles, pero supere el aprobado necesario, e incluso, no lo olvidaré, que nuestro sabio y correcto profesor, me dijo, “Domingo tu trabajo siempre queda reflejado en lo que haces. Felicidades y sigue adelante”. Es así, seguramente, lo puedes hacer mejor.

Tampoco olvido, cómo, cuando me inicié en el mundo del periodismo, Leopoldo Fernández Cabeza de Vaca, nuestro sempiterno director, en DIARIO DE AVISOS, me dijo, hace más de 20 años ya: “Si quieres escribir en un periódico, tienes que sentir que escribes”. Frase sabia y cierta.

Sí, en esta vida, si queremos tener una medalla, tenemos que sentir lo que vivimos en nuestra familia, en nuestro día a día como personas, en nuestro trabajo, en cada una de las cosas que hacemos. No es apropiada quizás, pero sí muy cineasta, aquella frase de: “El cementerio está lleno de cobardes”. Lo que tú deseas, lo logras, entre otras cosas, gracias a lo que tú haces. Y las medallas no solo son de metal, las hay más importantes, y están en cada una de las cosas que vivenciamos a diario. ¿Cuál es tu medalla?

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