La carga de destrucción del fuego es solo comparable a la solidaridad que provoca, a la enorme capacidad con la que sensibiliza y une, al respeto con el que en bares, oficinas, almuerzos familiares o reuniones de amigos se ha preguntado por la última hora del incendio. Ni un solo chiste. Ni una rendija por la que se haya colado algún ensayo de humor negro. Ni una broma. Solo tristeza. Rabia. Pena. Lástima. Impotencia. Y respeto. Solo un incendio como el que ha dejado herida a La Palma es capaz de dejar mudos a quienes responden a las desgracias con un catálogo de chascarrillos o chistes fáciles. La imprudencia que provocó el desastre se prestaba, pero ni así. Nada. Que estos días no haya circulado un solo meme reconforta, reconcilia y confirma que cuando el fuego se lleva por delante vidas y hectáreas únicamente hay espacio para la madurez, el respeto y el ánimo de arropar a los que están en primera o segunda línea, empatando sin dormir un día con el siguiente y con el que viene después. Cuando una Isla se quema las otras seis sienten el incendio en carne propia. El fuego destruye tanto como une, duele de un extremo a otro del Archipiélago, acerca. El mar interior desaparece y así continúa hasta que se anuncia que el incendio ya está controlado. Sabemos plantarle cara. Somos una referencia en la gestión de estas catástrofes, pero aún así el fuego, indomable, gana las partidas durante días. La buena noticia de la mala noticia ha sido el respeto, la solidaridad, el coraje, que los memes que acompañan a las desgracias esta vez hayan sido sustituidos por sábanas viejas en las azoteas de las casas, con mensajes de ánimo para quienes estaban luchando contra el fuego. Gracias, ánimo -escribieron los vecinos-. Gracias y ánimo, a todos.
Sábanas de gracia
La carga de destrucción del fuego es solo comparable a la solidaridad que provoca, a la enorme capacidad con la que sensibiliza y une, al respeto con el que en bares, oficinas, almuerzos familiares o reuniones de amigos se ha preguntado por la última hora del incendio
