el charco hondo

Así no

En el país de los contribuyentes de a pie, aquí y allá, Cádiz arriba o abajo, en las urnas la tranquilidad se ha revalorizado tanto como depreciado la bronca, los altercados y las agarradas.

En el país de los contribuyentes de a pie, aquí y allá, Cádiz arriba o abajo, en las urnas la tranquilidad se ha revalorizado tanto como depreciado la bronca, los altercados y las agarradas. La opinión pública pide serenidad. El electorado exige calma en las instituciones para que la gestión pública pueda caminar con algo de normalidad. En un contexto de parálisis, con la maquinaria del Estado detenida y las facturas del bloqueo acumulándose, lo razonable es propiciar que, en la medida de lo posible, el ámbito autonómico no se contagie de lo de Madrid. Gallegos y vascos han agradecido a Feijóo y Urkullu que lo tengan claro. Han votado tranquilidad porque, ahora más que nunca, lo de Madrid anima a reforzar la normalidad en otros espacios de gobierno.

El caos que sufre la política estatal se debe contrarrestar desde otros ámbitos de decisión -autonómico y municipal- multiplicando la apuesta por la paz institucional. También aquí, en las Islas. Con mayor urgencia si cabe en el caso de Canarias, comunidad particularmente lastrada por una financiación injusta y por una precariedad presupuestaria que en los próximos ejercicios irá a peor. Episodios como el de Granadilla o las balaceras en el Gobierno no es lo que las Islas están necesitando en estos momentos. Mientras gallegos y vascos han dicho que quieren que sus comunidades circulen en la dirección que requieren este tiempo (en el sentido que ayuda a apuntalar la paz institucional), en Canarias los últimos capítulos de la política local sobrepasan el límite de velocidad permitido y tienen a las Islas circulando en dirección contraria: la del lío, la trifulca y una bronca más constante que intermitente. Hace falta que cambien el guión. Crear problemas no es la solución. La bronca no es la receta. Así no.

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