el charco hondo

Corazón de SC

Sacudirnos el derrotismo. Dejar de bajar la mirada. Quitarnos de una vez el mal rollo, ese pesimismo que ha estado calándonos los huesos. Enterrar el estribillo del fatalismo, esa banda sonora de decaimiento, brazos caídos e incluso pereza que nos ha acompañado

Sacudirnos el derrotismo. Dejar de bajar la mirada. Quitarnos de una vez el mal rollo, ese pesimismo que ha estado calándonos los huesos. Enterrar el estribillo del fatalismo, esa banda sonora de decaimiento, brazos caídos e incluso pereza que nos ha acompañado. No volver a agachar los argumentos o dejar de estar a la defensiva. No seguir cayendo en la tentación (el vicio) de gritar las debilidades y susurrar o silenciar las fortalezas. Soltar lastre. Abandonar el hilo conductor del que beben los cenizos. Cambiar el relato y, sobre todo, la actitud. Volver a mirar en colores. Levantar la cabeza. Creérnoslo. Creer en esta pequeña gran ciudad que es Santa Cruz. Sin complejos. Sin creernos el ombligo de todos los mundos conocidos, porque ni lo somos ni falta que nos hace; pero con atrevimiento. Con o sin marca, logo o lema, Santa Cruz es una ciudad que está bastante bien, así de fácil, así de difícil. Con asignaturas pendientes, claro que sí. Queda por hacer, pero lo inmediato, lo primero, lo que no puede esperar, es dinamitar de una puñetera vez el sambenito de que Santa Cruz está mal. No es verdad. Recupera el pulso. Hay negocio. Se mueven oportunidades. Se activa. Aún hay que dinamizarla más, pero el ritmo ya es otro. Hay indicadores que lo confirman. El estado de ánimo de la ciudad ha cambiado, comienza a dejar atrás la cantinela del no, porque no, no se puede, no merece la pena. Quitémonos de encima el mal rollo que tanto nos debilita. Cambiemos el tono. Presumamos. El miércoles se presentó la marca-ciudad; y está bien, sí. Hace falta optimismo, ilusión, autoestima y algo de desparpajo. Hace falta acabar con el fatalismo, volver a sonreír con Santa Cruz. Si esa es la intención, va a contar con un montón de gente, alcalde; cuenta conmigo, José.

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