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el charco hondo

El árbol de Lucy

Se mató al caer de un árbol, desde diez metros de altura. Ocurrió hace más de tres millones de años, se llamaba Lucy

Se mató al caer de un árbol, desde diez metros de altura. Ocurrió hace más de tres millones de años, se llamaba Lucy. Después de someter a tomografía el fósil, o de estudiar los lugares y las fracturas de los huesos, sus biógrafos (paleoantropólogos de la Universidad de Texas) concluyen que Lucy cayó de pie; incluso llegan a barajar la posibilidad de que haya estirado los brazos, en un intento desesperado por frenar su caída. Es una hipótesis. Hay más. Hay otras. Hay quien cree que Lucy, la australopiteca, se cayó del árbol, y murió, inmediatamente después de haber leído unas declaraciones de Asier Antona. No habrá agenda canaria si no hay Gobierno de España, sentenciaba el presidente del PP. Según esta última hipótesis, Lucy no llegó a estirar los brazos. Se echó las manos a la cabeza y se dejó caer. Y después, tampoco -llegó a decir-. Más de tres millones de años después, hoy, no dándose la premisa que planteó Antona (no hay Gobierno) unos cuantos descendientes de Lucy compartimos su análisis: y después, tampoco. Mientras no haya Gobierno de España no habrá agenda canaria; y después, cuando lo tengamos, tampoco la habrá. Y no la habrá porque, si es que algún día este país vuelve a tener Gobierno, más allá de la anécdota, las motos o las pedreas no habrá presidente o ministro capaz de dar respuesta a lo que históricamente se les viene planteando. No se darán las condiciones parlamentarias ni presupuestarias para atender a esa agenda canaria. Así se entiende la caída de Lucy. Al echarse las manos a la cabeza no hizo por estirar los brazos. Más difícil de explicar es que tres millones de años después sigamos creyéndonos según qué promesas. No se sabe de qué árbol cayó Lucy, pero millones de años después seguimos cayéndonos de los guindos.

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