el charco hondo

El otro asunto

Y es que, en fin, luego está, ya sabes, el otro asunto. Coincides en algunos términos del análisis. En otros bastante menos. Exagero los riesgos, dices. Telefoneas. Saludas

Y es que, en fin, luego está, ya sabes, el otro asunto. Coincides en algunos términos del análisis. En otros bastante menos. Exagero los riesgos, dices. Telefoneas. Saludas. Con la cordialidad (y elegancia) de siempre, introduces en la conversación argumentos de aliño y, sin detenernos en ruegos o preguntas, entras en harina para reprocharme -amistosamente- que la lectura que hice ayer, la del cuadro del día después a la ruptura del pacto roto del Gobierno, tiene luces y sombras. Seguro que sí, faltaría más. Ahora bien, te cuesta desmontar que romper con los socialistas conllevaría, entre otras consecuencias, poner en manos del PP, ya sin rueda de repuesto, la llave de la gobernabilidad en las Islas; y luego está, ya sabes, el otro asunto. Reconoces, o no, que quemadas las naves con los socialistas el PP subiría el precio del pescado, exigiría que se baje la voz cuando se hable de las asignaturas pendientes del Estado o que, en el catálogo de posibles, los de Rajoy resucitarían municipalmente; eso sin olvidar, ya sabes, el otro asunto. No pierdo una línea en valorar si romper con los socialistas es bueno o malo, mejor o peor, blanco o negro. Tampoco hago altos en el camino para comentar el rosario de órdenes y contraórdenes (en los aperitivos y postres del Consejo) a cuenta del cierre presupuestario. Ni siquiera aludo a los desplantes con el gasto sanitario. Describo escenarios más o menos posibles, y ya sabes, en fin, está el otro asunto. Sabe Coalición y también los socialistas que el pacto está roto, pero que no pueden romperlo; no se da, aún no, el contexto adecuado. Y luego está, ya sabes, el otro asunto, lo de La Laguna, la certeza de que si los barriles de pólvora llegan a explotar el primero en saltar por los aires será el alcalde lagunero.

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