En ese país el macho es el emblema. De ese modo han de exteriorizarse. Se constata: pistola o rifle como prolongación del pene; luego, mujer objeto. Tal cosa da a ver lo que los representa. O manifiestan su condición de depredadores sexuales (Carlos Fuentes, por ejemplo) o escuchas lo que yo escuché cierta vez en México D.F.: una atronadora bulla en a calle y “no te preocupes; es una balacera, no más”. De esa manera se explica la violencia indiscriminada y contumaz. Pancho Villa, vestido de ese modo, lo que porta (cinta de balas al pecho, sombrero de esa anchura…) y frente a la hembra, por asalto y a la espalda.
Murió a los 66 años de edad de un infarto al corazón el gran autor y catante Juan Gabriel, ese que compuso innumerables piezas con el aliento de la pasión como insignia. Lo que Juan Gabriel dilata en la canción popular es lo que los negros propusieron luego de su liberación, allá por el año 1863: robarle la voz a los blancos y prolongarse más allá de su estertor, eso que el bolero elevó a categoría. Se aplicó a desmenuzar la enseña misma de lo que llamamos amor. Por lo general (y en Juan Gabriel) viene marcado por cinco condiciones: se presagia y se llega, el inicio es plenitud, después el éxtasis, mas los lazos se rompen y el dolor clama, de lo cual se sucede el rencor, el olvido, ¿el perdón? Si recordamos las letras que cantó con devoción nuestra Rocío Dúrcal, descubrimos: Amor eterno explica la relación suprema hombre en abandono y esperar. Porque en Juan Gabriel lo que importa no es el resultado; es la esencia, como se explayó en explicar en su momento Platón. Si estás dispuesto y convencido, por más que sufras, la sustancia es lo que da a conocer. Y hete aquí que Juan Gabriel es un guía para los colectivos homosexuales. Lo que depara el caso es su indisposición a comprometerse públicamente con lo que sexualmente fue. Aunque nunca contradijo lo que sobre él dijeron sobre el particular. ¿Qué esconde tal renuncia?, ¿más aún, qué disimula la clarísima heterosexualidad de sus canciones? Caben dos posibilidades en la respuesta. La primera: es un hito de México y como hito de México no pudo manifestar lo que fue en el país de la homofobia y del machismo antes dicho. La segunda (aunque no es la preeminente) resulta más primordial: el ser homosexual no desluce lo que representó y a ello se comprometió. Digamos, entonces, que Juan Gabriel está a la altura de lo que otros supremos integrantes de la cultura manifestaron en sus casos: ante el acoso, ingenio. Sus letras, cual dobles, se arriman a la perspicacia de la ironía, pueden leerse al revés: donde hombre-mujer hombre-hombre. Lo que prima no es la diferencia de género, prima la intensidad que los géneros comparten. Eso fue lo que le ocurrió a su compatriota Sor Juana Inés de la Cruz, homosexual que nunca pudo revelarlo, claro. Así lo muestra en sus maravillosos sonetos, la cumbre más suprema del barroco; así le ocurrió a nuestro Luis Feria y sus últimos y fascinantes poemas de amor.
