Hace unos días un buen amigo me trasladaba el reto amistoso de hablar de la anhedonia, una de esas palabreja con la que los que nos dedicamos al mundo de la salud y el bienestar utilizamos para definir algún concepto importante, concretamente en este caso nos referimos a la capacidad que tienen algunas personas de experimentar el placer.
Antes de nada para abordar la comprensión de este concepto en profundidad debemos, como no, de hablar de emociones. Te darás cuenta que somos seres emocionales y esas emociones modulan nuestras oportunidades de aumentar o disminuir nuestro bienestar, lo que influye sobre nuestra salud. En concreto la emoción vinculada a la anhedonia es la tristeza, debido a que se caracteriza por producir una reducción de la actividad que realizamos.
La tristeza nos produce una desmotivación general, comenzamos a sentir que nos enfocamos únicamente hacia lo negativo, hacemos un cambio de enfoque y sentimos una perdida de la esperanza. Esta emoción positiva es la responsable de que cuando experimentamos una situación desesperada, donde sentimos que las cosas no salen como esperábamos y comenzamos a ser incapaces de ver y anticipar positiva mente nuestro futuro inmediato. Se encarga de sostenerte, dirigiéndote hacia tu plan de vida. Pues la tristeza reduce el efecto de la esperanza sobre nuestra vida, en un nivel extremo esta situación prolongada en el tiempo puede desembocar en depresión.
Como te comentaba, la tristeza produce esa incapacidad para experimentar placer, que como una sombra oscura va abarcándolo todo, llegando a todos los ámbitos nuestra vida. Lo que hace que nos sea muy difícil centrarnos en las cosas buenas y positivas que nos suceden.
Todo ello está relacionado con el sistema de recompensa de nuestro cerebro y vinculado principalmente a una sustancia: la dopamina, una de las sustancias encargada de la sensación de satisfacción, lo que ayuda a motivarnos pro activamente a realizar ciertas actividades. Estas sensaciones y vivencias disminuyen cuando la recompensa esperada no se da, es decir cuando experimentamos la sensación de decepción.
La anhedonia nos arrastra a sentirnos aislados y esto hace que nos volquemos en nosotros mismos y nos desapega de la vida. Todo ello nos dirige, como un barco sin rumbo, hacia la aparición de ideas autodestructivas, ya que nos sentimos incapaces de realizar ningún proyecto personal, por muy simple que en otras ocasiones nos pareciese o los demás así lo vean.
Como te habrás dado cuenta hacerle frente nos es fácil y a veces requiere del acompañamiento profesional, pero si puedes potenciar en tu vida aquellas herramientas que impidan o disminuyan su efecto. Para ello es bueno que aprendamos a desafiar esos pensamientos derrotistas que aparecen: cuestiónalos, piensa y genera alter¬nativas más positivas.
Además comienza a potenciar en tu vida elementos que te vuelvan a posicionar sobre esos elementos positivos, que están ahí, pero a los que no les prestas atención. Para ello escribe un diario de las cosas buenas que te vayan sucediendo y justifica el por qué de su valor. Y por último, planifica actividades placenteras con el propósi¬to de restar peso a esos estados emocionales negativos por lo que atravesamos. Verás que poco a poco tu visión del mundo se transforma. Sin duda merece la pena.
*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva
@jriveroperez
