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La escritura diaria

Me está pasando algo curioso, relacionado con la memoria. Voy en el coche, se me ocurre una idea y, como estoy manejando, no la puedo apuntar; luego llego al ordenador y no me acuerdo.

Me está pasando algo curioso, relacionado con la memoria. Voy en el coche, se me ocurre una idea y, como estoy manejando, no la puedo apuntar; luego llego al ordenador y no me acuerdo. A lo mejor es que necesito unas vacaciones; jamás he disfrutado de un descanso prolongado en 46 años de profesión. Ahora que estoy jubilado, ya no tengo obligaciones laborales, pero sí compromisos morales. Cuando venía hacia el Puerto caí en la cuenta de que esta ciudad, el Puerto de la Cruz, tiene el récord de España de falta de aparcamientos. Y nadie le pone solución. Todo son palabras y palabras y ni la estación de guaguas sale adelante, ni los aparcamientos de la Esquina Redonda salen adelante, ni el puto muelle, ni los miles de volúmenes que doné aparecen en la Biblioteca Municipal. Así que lo doy por imposible y a los responsables de todo eso, y de muchas cosas más, los mando a tomar por retambufa y me quedo aliviado. El Puerto se va parcheando con obras bonitas, eso sí, costeadas por el Cabildo: el paseo de San Telmo y la calle de Quintana.

Ha quedado y está quedando muy bien, pero son insuficientes. ¿Y saben lo más curioso? Que a los godos y a los guiris les encanta el Puerto, a pesar de lo cutre de sus alojamientos y de lo sucianco de sus chiringos, con algunas excepciones que confirman la regla. No es este el artículo que se me había ocurrido cuando venía por la autopista, oyendo la COPE, como siempre. Por cierto, un mensaje cariñoso a mi amigo Juan Narbona: este verano me han puesto hasta el culo de recetas de cocina, de maridajes de comistrajos aceitosos y de papas arrugadas. Coño, Juan, que hablen de otras cosas. De Melisa Rodríguez, por ejemplo, que va a arreglar España con el antipático del tal Villegas.

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