Cuando se toma una decisión afloran, al menos, tres tipos de riesgos; los evitables, los estratégicos y los que surgen por causas externas. En el planeta empresarial la evaluación de riesgos es una religión para quienes, como es el caso de Alberto Núñez Feijóo, exigen a los suyos que las decisiones que adopten estén suficientemente blindadas, con un alto grado de certidumbre y análisis de las consecuencias. Soria vuelve a caer porque Feijóo puso el dedo en la llaga. Mientras otros abordaban el siempre penúltimo caso Soria desde la óptica política tradicional, el presidente de la Xunta evaluó en términos empresariales (gestión de riesgos) la decisión de proponer al ex ministro para el Banco Mundial. En el contexto actual el nombramiento de Soria es muy arriesgado, dijo. A ojos de Feijóo el riesgo fue el único valor a considerar. No perdió una milésima de segundo en aludir a que la sociedad demanda de lo público (y especialmente del PP) señales que hablen de ejemplaridad y regeneración. Tampoco se detuvo en las razones o sinrazones de fondo. Nada dijo del papel de Rajoy. Ni de Soria. No entró en si premiar al exministro era o no de recibo. El presidente de la Xunta dejó para otros la política, poniendo los cinco sentidos en un riesgo empresarial (electoral) llamado José Manuel Soria. El exministro ha vuelto a caer porque se ha convertido en un problema para el PP. Recae porque en Madrid le han cogido gusto a seguirlo por las esquinas. Renuncia porque en el partido algunas voces de peso lo consideran un elemento tóxico que debe ser aislado, desterrado. Feijóo lo tuvo claro: la política del XXI se reduce a gestionar correctamente los riesgos. Soria cae. Renuncia.
Desiste. Recae porque se ha convertido en un factor de alto riesgo para el PP.
La recaída de Soria
Cuando se toma una decisión afloran, al menos, tres tipos de riesgos; los evitables, los estratégicos y los que surgen por causas externas
