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andrés chaves

Los calcetines blancos del malo

Dos cositas, sobre las que he reflexionado el pasado fin de semana. Hace falta ser fan de Julio iglesias, como lo es Rosalba Giusti, siciliana de 68 años, que tras permanecer algo así como cuatro años en coma en un hospital de Messina

Dos cositas, sobre las que he reflexionado el pasado fin de semana. Hace falta ser fan de Julio iglesias, como lo es Rosalba Giusti, siciliana de 68 años, que tras permanecer algo así como cuatro años en coma en un hospital de Messina, despertó tarareando una canción del artista español y llamando a Ana, la enfermera, a quien no conocía de nada, por su nombre. La protagonista, una peluquera de Palermo, entró en coma profundo tras una hemorragia cerebral, no se movió en cuatro años y se despertó tarareando la canción -probablemente, Me olvidé de vivir- y llamando a su cuidadora. Ahora, ante el asombro de los médicos, se recupera satisfactoriamente. No digamos lo que pasaría si Julio Iglesias decide darse una vuelta por el hospital, aunque podría ser peor el remedio que la enfermedad. La otra cosa que quería contarles nada tiene que ver con lo anterior. Sencillamente, una pregunta: ¿por qué en las películas policiacas americanas, el malo -ya sea ladrón vulgar, atracador, traficante, mafioso, maltratador o todo a la vez- siempre lleva puestos unos calcetines blancos? ¿Será como una señal al espectador, para que subliminalmente califique como el malo al portador de los yesos? No falla. Cuanto más cine veo de ese género más me doy cuenta del detalle de los calcetines blancos, asociados siempre al delincuente. Hay estereotipos muy difíciles de erradicar, y más en el cine, un arte en el que los detalles cuentan siempre y en el que es preciso dar constantes pistas al espectador para que todo encaje al final. En fin, que en el tedio tradicional del fin de semana quería contar una historia con final feliz y un hecho cinematográfico incuestionable y así les privo a ustedes de los discursos electorales.

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