Lo que algunos le han hecho a José Manuel Soria forma parte, como diría Borges, de la historia universal de la infamia. Hasta el paralímpico de Podemos, que no paga a la Seguridad Social por sus cuidadores, y el mano floja de López Aguilar, campeón de lo que todos sabemos, han terciado en esta historia, que se va a inscribir en el manual más rancio de las injusticias. Es, ni más ni menos, como escribió Díaz-Plaja, que la envidia nacional, la que impide que nuestro pueblo prospere, la que nos tiene anclados -en tantas ocasiones- en la Inquisición. Lo más granado de los partidos, incluso del Popular, han bramado contra un funcionario que fue ministro y que, a años de ser ministro e incluso antes de ser político, heredó una cuenta de su padre en un paraíso fiscal, con cero euros. No estafó a nadie, sólo lo explicó mal. Y por eso se le castiga cercenándole el futuro y echándose encima de él como cocodrilos hambrientos. Parece mentira que hasta el insignificante Núñez Feijóo, con unas elecciones encima, haya entrado en la guerra mediática para aparentar honestidad condenando a un inocente, es decir, vendiendo a un compañero de partido. Qué asco me da todo esto, me dan ganas de mudarme de país pero sólo tengo edad para mudarme de camisa. Así que ejerzo el derecho al pataleo y me cago en la envidia nacional, que impide que España crezca como nación y salga adelante como pueblo. Pero todos esos que he nombrado, y algunos más, me dan mucho asco, aunque no les pido que compartan mi opinión, porque también me daría bastante igual. En fin, un abrazo a Soria y lamento lo que le ha pasado. Y como canario, mucho más.
No hay derecho
Lo que algunos le han hecho a José Manuel Soria forma parte, como diría Borges, de la historia universal de la infamia
