La ligereza del papel nos trasmite su inconsistencia. También hace su papel aquel que finge diestramente una cosa o representa la obra que se le asigna. Por el contrario hay papeles que como documento acreditan el valor de algún bien. Esta ambivalencia en interpretar la corrección del papel asignado, nos permite calificar nuestro Parlamento canario y valorar el perímetro moral de nuestros partidos. Todos tenemos la impresión del alejamiento de nuestros poderes públicos de la realidad de la calle, circunstancia agravada en una crisis extendida, donde se mantiene la austeridad y no llega el crecimiento. Sólo son correctas las estrategias donde se reduce el gasto público estructural, aquellas que reducen el gasto superfluo y bajan los impuestos simultáneamente. Las realizadas con subidas impositivas, como las del IGIC, acentúan y prolongan las recesiones, máxime cuando no se acompaña de reformas para liberalizar los mercados.
Analizamos dos ejemplos canarios y su encaje. El de la liberalización del Suelo en el ingreso y el de la Consejera de Sanidad en el gasto. La reforma del nuevo Gobierno de la Ley del Suelo de Canarias, opera en el campo de la libertad. Sin embargo denota un cierto temor a profundizar en la senda reformista y quedarse por ello a mitad de camino. Es un sólido proyecto, como ya hemos venido diciendo, que asume las legislaciones, europea y nacional, pero que se encalla en subir los impuestos y restringir la flexibilidad de la gestión. Nueva Canarias interpreta su papel en el Parlamento con una postura vacía de contenidos y sin los límites legales a que le obliga, soportado en un Parlamento que no cumple su papel al invadir competencias superiores. Apoya por ello, mantener las directrices, que no han tenido en la práctica efecto alguno, niega la aplicación del principio básico de la subsidiariedad y con ello la mayoría de edad de los ayuntamientos y cabildos, y se opone a cualquier flexibilidad en la gestión, incluso por parte de la iniciativa pública.
En prensa estos días la asombrosa desviación del gasto sanitario en 160 millones de euros, tanto como los fondos del IGTE canario devueltos por Madrid. Y al tiempo el servicio sanitario no mejora. Se ha optado por atender prioridades clientelares, antes que las del ciudadano. El gasto sanitario nos enfrenta a ecuaciones imposibles. Cuando se universaliza sin límites, se genera una estructura de gasto que siempre va más rápida que la de su ingreso. Ni el Gobierno, ni el Parlamento han sido capaces de controlar el gasto comprometido. El buenismo de lo políticamente correcto, produce estos monstruos. Cuando el gobierno es múltiple el control del gasto se disipa. De la escuela hablaremos la próxima semana.
