Cuando el otro tira tú empujas, y si el oponente empuja tú tiras. En política, como en judo, hay que utilizar la fuerza del adversario contra sí mismo; y en el caso, por ejemplo, de los socialistas canarios, resulta vital aprovechar la debilidad del PP para neutralizar la posibilidad de que CC siga poniéndoles palitos en la rueda, mociones de censura en Granadilla y otras trastadas. Paradójicamente, la baza de los socialistas para afianzarse en el Gobierno es la menguada fuerza de su oponente y alternativa: el PP.
La ausencia de valor añadido del PP canario hace que a ojos de Coalición ya no sea tan buen negocio abrirles las puertas de las consejerías. Hace meses sí, pero ahora bastante menos. Sin el todopoderoso José Manuel Soria como conector, y en la antesala de una legislatura en la que un PP frágil y tocado nada o menos podrá ayudar con los presupuestos generales del Estado, ¿qué puede aportar a Coalición dar entrada al PP en el Gobierno? El valor añadido se mide y varía según el contexto. Un año después el contexto castiga notablemente al PP canario. Ese deterioro del PP (de la rueda de repuesto) es la baza del PSOE para empezar a plantar cara a Coalición. El plan B pierde fuelle. El tripartito virtual de Clavijo (los socialistas con un pie fuera, el PP con un pie dentro) pierde consistencia. Se abre un tiempo diferente, tormentoso, porque en este pacto lo único que no se ha roto es el pacto; todo lo demás -confianza, cohesión, lealtad- ha saltado por los aires. La debilidad del PP da fuerzas al PSOE y deja a Coalición sin un plan B verdaderamente atractivo. El Gobierno no se va a romper porque ya se rompió. Ahora las partes contratantes tendrán que aprender a convivir, gestionar, tirar, empujar, empujar y tirar con un pacto roto.
