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El sueño del rinoceronte azul

Durante las pocas horas que duermo, en la noche del sábado al domingo pasados, soñé que me habían regalado un rinoceronte azul

Durante las pocas horas que duermo, en la noche del sábado al domingo pasados, soñé que me habían regalado un rinoceronte azul. No he escuchado recientemente a Silvio Rodríguez, o sea que cualquier parecido con su unicornio sería mera coincidencia. Me habían invitado a una fiesta en el Mencey y a mi rinoceronte lo dejé aparcado en la casa de los Duque, comiéndose el césped (no me voy a molestar en mirar en la Internet si el rinoceronte es carnívoro o herbívoro, porque se trata de un sueño y en los sueños se permite todo). Era feliz, hasta que alguien se me acercó y me dijo algo de lo más obvio: “Y si te vas de viaje, ¿quién te lo  cuida?”. Me entró una terrible desazón: ¿cómo renunciar a la custodia de tan dócil animal por un simple viaje? La fiesta transcurrió la mar de divertida, saludé a muchos amigos y todos se interesaban por mi rinoceronte azul, que transitaba lentamente por el cercano jardín de los Duque. Por una vez me explico el sueño: tengo en casa una pequeña figura de plástico que representa a un rinoceronte, pero es rosa. Me la dieron como premio en una feria, siendo niño, por mi puntería con la escopeta de balines. La placidez de la noche la transformó en azul y azul se quedó en el sueño. Nadie me va a quitar el farde de tener como mascota a un rinoceronte azul, que terminó comiéndose todo el césped y hasta la falda de alguna invitada, que huyó, despavorida, del lugar. Ya ven, yo siempre dando la nota, no lo puedo evitar. Tomasito, un pintoresco empleado que yo tenía, conduciendo un coche mío, hizo de chófer de Silvio, durante uno de sus viajes a Tenerife. El inicio de la conversación fue éste, textualmente: “Don Silvio, don Silvio, yo también soy comunista”.  Telón.

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