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Vuelta al cole

El inicio del curso escolar, repite el ciclo inexorable de la enseñanza, donde parece que tampoco nos ponemos de acuerdo.

El inicio del curso escolar, repite el ciclo inexorable de la enseñanza, donde parece que tampoco nos ponemos de acuerdo. La sexta ley educativa de la democracia paralizada y sin que parezca posible un pacto educativo, por encima de los partidos y las autonomías. Las ideologías y la geografía lo impiden. En medios nacionales viene recogido en estos días las Bases del Pacto Educativo, planteado con el filósofo José Antonio Marina, cuyo contenido valoramos aquí a la luz de los sucesivos Informes PISA, la numerosa bibliografía y la propia experiencia. No deja de sorprendernos en las Bases de Marina, la reiteración de tópicos y las dificultades para entender la escuela socialmente, más allá de la escuela pública y su encaje económico.

El primer tema la Religión, ideologizada en España. Nuestro país no es laico, sino aconfesional y defiende en su Constitución el reconocimiento del catolicismo como religión principal del país. Al tiempo las leyes educativas, reconocen el Ideario del Centro como referente obligado. Marina nos ofrece la desaparición de la Religión como materia evaluable y de sus signos en la Escuela. La normalización del fenómeno religioso, que socialmente aún es dominante, exigiría neutralidad pública para que cada centro de acuerdo con su ideario, adecuara los signos religiosos y el alcance y contenidos de las enseñanzas religiosas, en su encaje nacional. Se ignora con ello el valor antropológico de la religión, por expresarlo en términos agnósticos. A su vez al desconocer la dimensión económica de la escuela, Marina desequilibra la educación concertada. España es un curioso país, donde el sistema educativo se ha deconstruido con las Autonomías, ofreciendo de facto 17 opciones. La plaza escolar no universitaria, cuesta en España, entre 4.500 a 9.500 euros/año, según autonomía. En el Informe PISA, las autonomías del Norte están arriba y las del Sur abajo, en las calificaciones. Y ofrecen las de abajo una dominancia de oferta educativa pública hasta el 85%, cuando en las zonas de mejores resultados académicos están sobre el 50%, esto es lo que permite que la escuela pública cuente con más recursos por plaza, al ser la concertada un 40% más barata. Se dan al tiempo ratios superiores de fracaso y abandono escolar, en ambos casos sobre el 30%. O sea, donde el modelo está poco diversificado, (público, concertado y privado), los recursos públicos son menores, la calificación PISA inferior y los ratios de fracaso y abandono mayores. La solución Marina, plantea empeorar la situación, yendo contra las aportaciones voluntarias de los conciertos y el carácter societario de la empresa escolar. En términos globales la educación en España gasta el 4,5% del PIB, por encima de Japón y Alemania, su eficacia se diluye sin embargo al contar con 17 sistemas distintos, que no hacen economía de escala.

Recupera la cordura Marina cuando señala la necesidad de reordenar las competencias educativas reforzando el papel vertebrador del Estado, dotando de autonomía de gestión y económica a los Centros. Es prioritario que se recupere un marco de enseñanzas comunes, la unidad de mercado escolar como garantía de la igualdad de oportunidades, lengua común incluida. Con la escuela, la sanidad y la justicia hemos roto el marco de igualdad que sostiene un país. Vuelve a enredarse Marina cuando defiende excelencia y equidad enfrentadas. Esto es lo que ha producido que el sistema escolar español esté igualado por abajo. La excelencia exige mérito, esfuerzo y respeto al profesor y la equidad igualdad de oportunidades. En este marco encajaríamos la educación diferenciada y el cheque escolar como mecanismos posibles, lo cual se niega en un sistema que teme a la libertad. Marina no ha superado los complejos del tardofranquismo, incluso se atreve en sus Bases a ofrecer al rey como árbitro.

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