Para los pequeños empresarios, este es un mes maldito y este 20 de octubre, más. Porque toca pagar el IRPF, abonar el pago a cuenta de sociedades, cubrir los pagos aplazados de la Hacienda estatal y de la Hacienda canaria y la madre que los parió. Yo ya no estoy en la pomada, por mi condición de jubileta, pero tengo amigos que sufren un calvario cada vez que les toca pagar todo esto de una sentada. Para los jubiletas hay otro infierno: que se acaba la hucha de las pensiones el año que viene, a ver de dónde van a sacar las perras para abonarlas, para devolverme lo que he pagado durante mi vida laboral. Si esto no es un desastre, dígame usted. Tengo la sensación de que nadie tiene un duro, de que el ahorro es imposible y de que esto va a dar el estampido. Y todavía los irresponsables de los sanchistas -que son todos gorditos y con la cara redondita como Luena e Iceta, el bailarín catalán- no quieren facilitar la formación de Gobierno y pretenden alborotar más de la cuenta, aun a riesgo de quedarse con el culo lleno de morados. Sánchez, que ya vino de Disneylandia, anda ahora dando el coñazo en las redes sociales, según me cuentan. ¿Qué pretende, volver? Que no se haga ilusiones porque serán sus propios compañeros quienes se lo impidan. Ha dejado a su querido partido en el esqueleto y parece más podemita que socialdemócrata. Qué vergüenza. Va a quedarse en el Congreso, porque no tiene donde ir, y necesita los 3.000 y pico euros que le suelta el Estado cada mes. Desde luego, una cifra muy por encima de mi pensión, después de trabajar 46 años. Los hay con suerte, coño: destruyo un partido y encima me pagan. Si yo sé me dedico a la política.
20 de octubre
Para los pequeños empresarios, este es un mes maldito y este 20 de octubre, más. Porque toca pagar el IRPF, abonar el pago a cuenta de sociedades, cubrir los pagos aplazados de la Hacienda estatal y de la Hacienda canaria y la madre que los parió
