Por José Juan Rivero (@jriveroperez)
Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva
Sin duda el estudio y los trabajos para comprender cómo influyen las redes sociales en el comportamiento de las personas es una necesidad que se presenta debido a la incorporación de éstas a la forma en que nos relacionamos y nos vinculamos con los demás.
Es fundamental conocer las nuevas formas en que nos relacionamos las personas, grupos y organizaciones. Por ello adquiere mucha importancia el hecho de comenzar a describir cómo se han transformado las herramientas y fortalezas de los vínculos que creamos, así como el concepto que generamos a la hora de sentirnos parte de algo. O incluso las necesidades de sentirnos conectados y vinculados a los demás.
Tal y como hemos comentado en múltiples ocasiones las personas necesitamos estar vinculados a los otros ya que potencia nuestro bienestar. Además es una forma de sentirte vital el pertenecer a grupos con los que compartas ideas, creencias o cosas que hacer. Sin duda la comunicación con los demás es básica para las personas y las redes sociales han roto barreras y transformado el entorno en el que nos comunicamos.
Las personas comenzamos a dar forma a un entorno nuevo que estamos inventando, debido a la realidad cambiante que le aporta al entorno la tecnología y, por otro lado, las formas en las que establecemos y formalizamos relaciones entre personas.
El problema que puede tener esta facilidad de compartir ideas es que, en ocasiones, olvidamos que comunicarse va más allá de plasmar una serie de ideas y mensajes, es decir, no es simplemente escribir y ya está. Detrás de cada publicación se muestra una cultura, unas creencias, unos estereotipos e, incluso, unos prejuicios. Cada comentario es interpretado por la otra persona en función de sus propias creencias ya que, aunque intentemos sumarle la carga no verbal (información que aporta entre el 75 y el 80 por ciento de la carga de la información que queremos transmitir), la persona es quien entona e interpreta rellanando los huecos que le deja el mensaje.
No cabe duda de que ello ocasiona dificultades y conflictos al introducir ruido en nuestra comunicación y al cambiar la realidad del objetivo de nuestro mensaje. Esto hace que las personas se metan en un cruce de acusaciones aportando sus propios juicios de valor a las aportaciones que entienden según su propio criterio que, como ya hemos visto, se encuentra afectado por la falta de información no verbal. Como consecuencia es frecuente el llevarlo todo al terreno del conflicto personal. Tanto es así que existen verdaderos perfiles incendiarios en las redes sociales, capaces de crear conflicto y tendencias con un determinado fin. Lo único que hacen es transformar la realidad a su antojo.
Es importante que, llegados a este nivel, potenciemos la empatía e intentemos poner en marcha todos los criterios fundamentales de cualquier proceso de comunicación eficaz y gestión del conflicto. Por ello debemos dedicar un tiempo a intentar calmarnos, acudiendo a la asertividad como herramienta fundamental de todo proceso de comunicación, donde el conflicto y la agresividad queden en segundo orden. Además debemos intentar imaginarnos que estamos en una relación cara a cara y que si, en esa situación, actuaríamos de esa manera, sin refugiarnos en el anonimato que me aporta la red social.
Sin duda las redes sociales dan frescura a nuestra forma de comunicarnos pero debemos potenciar un estilo comunicativo limpio, donde el respeto por el otro sea el elemento crucial. Sería muy conveniente entender cuál es nuestro objetivo y potenciar esos espacios que me aporten diversión y crecimiento personal. Perseguir todo lo que, en definitiva, me haga sentir bien.
