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el charco hondo

Cuadro de abstención

Las obras de arte (los cuadros, particularmente) esconden información, ocultan elementos y señales, mensajes que no siempre percibimos

Las obras de arte (los cuadros, particularmente) esconden información, ocultan elementos y señales, mensajes que no siempre percibimos. Los ojos solo identifican algunos códigos. Hay detalles que no desciframos por no saber mirar o porque traducirlos exige conocer más de lo que conocemos. Interpretar con acierto la sonrisa de la Gioconda o certificar su identidad no es tarea sencilla. Pasa igual con El jardín de las delicias, de El Bosco; o con La profecía de Zacarías, de Miguel Ángel. A veces los cuadros desconciertan, no se dejan leer, desafían a quienes los observan, desordenan las referencias para esconder algo, deslumbran para que no alcancemos sus entrañas, las razones, ideas o motivos. Cosa diferente es el cuadro de abstención del PSOE. Vemos lo que hay. Es lo que es. Quienes están por abstenerse juegan limpio. No hay trampa. Ni cartón. Apoyan la abstención porque hay que poner punto final al desgobierno de Estado -a los socialistas no les queda espacio para el querer, solo para el deber-; y también se abstienen -de ahí la transparencia con la que han pintado el cuadro- porque para el PSOE ir a unas terceras elecciones sería un suicidio. Interesa al país y al partido. No hay códigos ocultos ni referencias escondidas. El cuadro que han pintado quienes obligaron a Sánchez a echarse a un lado es nítido, bastante más sincero que el de quienes, con la coartada del no, pretenden llevar al partido al borde del precipicio para, una vez allí, tenerlo más fácil para hacerse con el control de los restos del PSOE. Los socialistas deben abstenerse porque el país lo necesita y, en segundo lugar, porque al partido le interesa. Quienes juegan a otra cosa -legítimamente, sin duda- representan un cuadro plagado de detalles indescifrables, razones que no se dejan leer y cartas bastante marcadas.

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