Bob Dylan es uno de los mejores autores de la historia de la llamada música ligera; Like a rolling stone, Blowin in the wind o Knockin on Heaven’s Door son tres de las piezas más sublimes de cuantas se escribieron en el siglo XX; y Dylan es uno de los testigos más dilectos de su generación en EE.UU., uno de los referentes de lo que allí ocurrió. Pero Bob Dylan, pese a recopilar las letras de sus canciones en libro, no es un poeta. Es el cantante más destacado de su época y uno de los más grandes que han existido en este mundo, pero que el Nobel de literatura refiera que se le ha distinguido como tal por la revolución de sus letras en la canción americana, es una salida de tiesto. Como si a un físico se le premiara por lo mismo porque estudia el movimiento y la literatura también lo es. Lo que los sabios suecos parecen confirmar es que no es un Nobel a la literatura, es un Nobel a la música popular. Lo cual está bien, pero que se aclaren. Si no puede dotarse un Nobel para la dicha cuestión, lo que no se puede hacer es ocupar otra entrega, como la medicina, por ejemplo, que también suena bien. ¿Es, pues, necesario que, por la importancia de la música popular, el Nobel de literatura vaya para ese feudo? El asunto es señalar una cosa esencial, tratándose de lo que se trata: la literatura es la literatura, en su esencia y en su entidad histórica, por más que los premios se deslicen por escurrideras. Así es que no denostaremos a Bob Dylan por ser cantante y no ser poeta; más aún, lo admiramos. Es decir, si el Nobel es como es este año, algo ha ocurrido; o que la simpática directora del asunto sueña con el cantante hasta despierta y ha de concederle un premio aunque sea ese o que el Nobel de literatura descree de la literatura y ahí nos vamos a ver. Porque si suena EE.UU. en sus conciencias, si debe contar de nuevo con esa distinción y los encargados en cuestión son verdaderamente expertos, lo tienen fácil: Cormac McCarthy. ¿Por qué no le han dado el galardón?, ¿porque el mejor narrador de Occidente después de Faulkner no habla con cualquiera, es antipático y descree de esta sociedad o porque no tendrá tanta repercusión en la entrega como Dylan? Bob Dylan, sin duda, conoce una de las mejores novelas escritas en los últimos 300 años, Meridiano de sangre, digna del Nobel por sí sola. Por eso no contesta a los académicos que lo persiguen para comunicarle de viva voz la gran noticia. Dylan no es tonto, sabe qué es y que se han pasado.
Dylan
Es el cantante más destacado de su época y uno de los más grandes que han existido en este mundo, pero que el Nobel de literatura refiera que se le ha distinguido como tal por la revolución de sus letras en la canción americana, es una salida de tiesto
