Ignoro si ustedes saben que ombudsman es un término sueco que se aplica al defensor de individuos y colectivos ante abusos cometidos por los demás. En los periódicos es el defensor del lector, así que yo me he inventado un ombudsman defensor de mí mismo para explicarles lo que ocurrió el lunes con la entrevista a Alberto Rodríguez, diputado de Podemos, en la sección Mis queridos enemigos, tan mimada por este periódico, lo cual agradezco. Vaya por delante que, incomprensiblemente, docenas de lectores, por teléfono, whatsapps y correos electrónicos me felicitaron por ella. Algo muy extraño porque no llegaron a las páginas del periódico de papel -en la edición digital está colgada íntegramente- las cosas más interesantes que dijo Alberto. Y que no voy a repetir, porque ya digo que las tienen en la Internet. Pero habló del beso en la boca de Iglesias y Domènech, de lo que le dijo su madre cuando lo hicieron diputado, de lo bien que se sentía en la entrevista, de su perfil humano. Nada de esto apareció en el texto. Miren, los duendes de la imprenta no existen, aunque haberlos, los hay. Yo me cabreé mucho cuando vi que habían destrozado la entrevista. Y acepté las disculpas del jefe de Maquetación y Edición, que me dijo que por un problema técnico se había perdido toda la primera parte del texto. Pero, claro, yo quedé como un idiota porque con frecuencia se perdía el hilo de lo que contaba Alberto con lo que yo explicaba en la entradilla. No pasa nada, vayan a Internet, donde creo que la entrevista ha arrasado -no es mérito mío, sino del diputado- y la leen completa. Me ha parecido un buen tío, una persona normal, cariñosa y honesta, que está ahí por vocación y ganando menos que en Cepsa.
El ‘ombudsman’ de mí mismo
Ignoro si ustedes saben que ombudsman es un término sueco que se aplica al defensor de individuos y colectivos ante abusos cometidos por los demás.
