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En un DC-8

Volando hacia Tenerife, una vez tuve un incidente sobre el cielo de Madrid, en un avión de Iberia.

Volando hacia Tenerife, una vez tuve un incidente sobre el cielo de Madrid, en un avión de Iberia. Hace ya muchos años. No recuerdo si el aparato era un DC-8 63, la versión más moderna del modelo, o uno vamos a llamarlo normal. Me parece que alguno fue a parar al Ejército del Aire, que los usó como transporte de autoridades y de periodistas, mientras el rey y el presidente volaban en otros más modernos. Pero también ellos conocieron este viejo avión fabricado por McDonnell/Douglas, supongo que en Long Beach, California.

Bueno, pues volando sobre Madrid, a pocos minutos del despegue, el comandante detectó un fallo en el sistema hidráulico del aparato. Como ordenan los procedimientos, abrió las válvulas del combustible y lanzó la mayoría de la carga de keroseno al aire para poder aterrizar con menos riesgo y con menos peso. Nos dieron un cursillo acelerado de aterrizaje de emergencia y hubo varias escenas de pánico a bordo. Me parece que viajaba en la misma fila mía un funcionario del Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, llamado Antonio Celorrio, que no sé si vive aún o ha muerto. Entre los dos consolamos a una chica joven que sufría un ataque de ansiedad, a la vista de que la tripulación nos puso el asunto muy feo porque un fallo hidráulico, aunque el avión tuviera estos sistemas duplicados -como creo que así era-, pues suponía una situación de alto riesgo. Total, que tras dar muchas vueltas sobre un punto asignado por la torre de control, aterrizamos sin novedad, aunque con bastantes nervios dentro de aquella cabina de pasajeros. El otro día, en una entrevista hecha a mí mismo que se publicó en el DIARIO, dije que en dos ocasiones había estado a punto de diñarla. La verdad es que han sido más veces. Otra vez aterrizamos de emergencia en Río. Ya les contaré.

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